La ciudad del amor y la luz tenía dos pretendientes a los que caer rendidos. El PSG o el FC Barcelona. Una opción y dos amantes que juraban fútbol eterno. Dos candidatos líderes en sus respectivas ligas pero con incógnitas y retos a resolver. Sin embargo, una oportunidad para conquistar su corazón en un lugar emblemático, el Parque de los Príncipes. No es fácil enamorar y menos aún en el terreno futbolístico. Los dos flamantes candidatos pretendían seguir en el capítulo final de la Champions League. Un mismo camino; de París a Berlín.

El FC Barcelona, con la necesidad de quitarse la sensación agridulce que le dejó su último partido frente el Sevilla, no tenía margen de error para seguir su particular camino hacia el ansiado triplete. Asimismo, el Barça buscaba en esta eliminatoria su séptima semifinal en las ocho últimas temporadas. Un récord aplaudido por muchos pero manteniendo grabado en la retina la temporada de Gerardo Martino en la que no lograron pasar a las semifinales tras fallar ante el Atlético de Madrid. En ese sentido, su lucha por conseguir su quinta Copa de Europa sigue en auge desde su última lograda el 2011 en Wembley. Las buenas sensaciones que han dejado los hombres de Luis Enrique, olvidando algún episodio, eran positivas para lograr la conquista.

Por su parte, el PSG, un viejo conocido rival, pisaba el terreno de juego cargado de bajas importantes pero con la certeza que en casa uno juega mejor. Sin dos de sus estrellas, Zlatan Ibrahimovic y Marco Verrati, trazaron camino, pero sin éxito. Lo intentaron pero se ahogaron.

Finalmente, los azulgranas vencían con concentración y dominio en París. El amor, al igual que el fútbol, necesita pasión. El uruguayo, Luis Suárez, se encargó de ofrecer la cantidad necesaria de ternura hasta lograr que París le abriera la puerta a las semifinales. Los hombres de Luis Enrique dejaron a los hombres de Blanc sin reacción ni aliento. Sin embargo, obligaron a Ter Stegen a aparecer demostrando así su capacidad de reacción. Neymar, Busquets, Piqué, Xavi, Masherano, contribuyeron con profesionalidad, jugadas, saber estar y táctica a la importante victoria. Aunque hubo minutos de confusión los culés supieron resolver el encuentro jurando fútbol eterno a un París ya rendido a sus pies.
Hoy, se ha conquistado París, ahora podemos pensar en el camino que queda para conquistar Berlín.

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