Adiós al sueño de Primera. Adiós al sueño de una plantilla que lleva todo el año luchando por volver. Volver a donde merecen. Volver a la máxima categoría. Adiós al sueño de un entrenador que cogió una plantilla sin rumbo y sin dirección. Adiós al sueño de una afición entregada a su equipo hasta el final, hasta el último minuto del último partido, a pesar de la dolorosa derrota frente a Las Palmas. Y adiós a la ansiada Primera División, donde están los mejores y donde todo el mundo quiere estar.

El Zaragoza lo tenía en la palma de la mano y al final echó todo el esfuerzo de las semifinales y de la ida de la final por la borda. El 3-1 de la primera vuelta no dio sus frutos. Parecía que el camino era el correcto y que aunque se jugasen todo a la vuelta, lo tenían más fácil por esa ventaja, pero no fue así. Esta vez, el ‘rey de las remontadas’ no pudo doblegar a Las Palmas en un partido vibrante por ver quién alcanzaba la máxima categoría. Un encuentro de infarto en el que los maños tocaron la Primera División, incluso perdiendo 1-0, hasta el minuto 84, en el que un gol de Araujo metía al Zaragoza de nuevo en Segunda.

El bonito gesto que tuvieron los jugadores al final del partido al aplaudir a toda la afición que les había acompañado fue lo que perdurará estos días, ya que la derrota no pudo ser más dolorosa. Empate a tres en el global y en contra el dichoso gol de la ida de Las Palmas. Todo hay que decirlo, los canarios fueron muy superiores a los rivales. El asedio a la portería contraria fue abrumador y el Zaragoza por más que intentó luchar, no pudo conseguirlo.

Esto es el fútbol, a veces se gana y otras se pierde, y en este caso, al Zaragoza le tocó perder. Hoy, toda la ciudad maña llora, porque han pasado de tocar la gloria con la punta de los dedos a recaer en el infierno. El conjunto de Popovic se destierra a sí mismo y se queda a un gol de Primera División.

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