La amistad es eterna hasta que el esférico lo separa. Igual que en el matrimonio, teóricamente separado por la muerte. Sin dramatismo pero de igual intensidad, la capacidad del fútbol para hacer rodar el balón en dirección contraria es comparable a la misma vida. La pasión que los unió de pequeños, de adultos los enfrentó. Esta es la historia de los dos protagonistas del miércoles: Luis Enrique y Sergi Barjuan.

En un día poco habitual para la Liga, el Camp Nou vivía uno de esos mágicos momentos que solo el apasionante mundo del fútbol sabe ofrecer. Sobre el terreno tres puntos en juego, dos equipos con objetivos distintos y posiciones muy diferentes en la tabla clasificatoria. No obstante, nada tan importante como los dos técnicos adversarios hermanados por la misma pasión, el deporte rey.

Luis Enrique y Sergi Barjuan han compartido más que un terreno de juego. Juntos crecieron como profesionales luciendo la camiseta azulgrana. Ambos compartieron triunfos, momentos mágicos soñados de pequeños. Tras colgar las botas emprendieron un nuevo reto, el de técnico. De hecho, en este nuevo rol también coincidieron en el club de su sangre, el Barça. Luis Enrique al mando del Barça B y Sergi Barjuan en categoría inferior. Los dos trabajaban para sacar adelante a unos chavales que eran la viva imagen de ellos años atrás. Posteriormente, Luis Enrique cogió las riendas del primer equipo azulgrana y Barjuan siguió su camino en el Recreativo de Huelva. Sin embargo, el destino quiso juntarlos de nuevo, pero en esta ocasión en calidad de enemigo.

La segunda semana de abril empezaba con la destitución de Juan Ignacio Martínez: el elegido, Sergi Barjuan. El catalán tenía la oportunidad de pilotar por primer vez un equipo de primera división, el Almería. Un reto que llegaba con sorpresa incluida, su primer rival sería el Barça de su gran amigo Luis Enrique. Aunque unidos por la amistad hoy aplicaban la célebre frase de François de La Rochefoucauld, “Si quieres tener enemigos, supera a tus amigos; si quieres tener amigos, deja que tus amigos te superen”. Y eso fue lo que pasó. Superados por el FC Barcelona, que aunque no ofreció un encuentro vistoso le valió para anotar cuatro goles; el Almería sumaba otra derrota. El objetivo de superar la mala dinámica establecida así como los malos resultados anotados seguirá siendo una asignatura pendiente para Barjuan. Quizá, las palabras previas de Luis Enrique sobre Barjuan llegaron a pie de campo. El técnico del club barcelonés deseó suerte al nuevo flamante técnico del Almería pero a partir del jueves. Ni el positivismo vertido antes del encuentro, ni la suerte del principiante, ni la irregularidad del Barça fueron suficientes. Ahora los hombres de Luis Enrique pueden celebrar una nueva distancia a su máximo rival, el Real Madrid. Otro paso gigantesco para el particular camino de los culés. Por su parte, Barjuan deberá hacer lectura y maniobrar una gran táctica.
Mientras uno celebra y el otro reorganiza yo hago lectura sobre la amistad. Y es que a pesar de la rivalidad obligada, Barjuan y Luis Enrique han demostrado que son amigos en las buenas, en las malas y en el banquillo.

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