Estamos en esa época del año en la que abundan los besitos. Las redes sociales están llenas de fotos de besos… o “morritos”, como quieran llamarlo. Morritos en la piscina, morritos en la playa, morritos en la montaña, morritos delante del espejo de tu casa… Somos así de cariñosos todos, nos pasamos el día besando y claro, los futbolistas no podían ser menos.

También ellos se apuntan a esta moda de besar, pero en lugar de hacerlo al aire se lo dedican a los escudos. Once días lleva abierto el mercado de fichajes y ya nos ha deparado varias veces esa foto típica de jugador mirando a la cámara con los ojos hacia arriba, la cabeza hacia abajo, la boquita de piñón y la camiseta estirada para que el escudo llegue a ella. El jugador no suele salir muy favorecido que digamos, pero una presentación en la que le protagonista no salga besando el escudo resulta un poco decepcionante.

Arda

La imagen que seguro nos viene a la cabeza es la más reciente y repetida estos días, la de Arda Turan besando el escudo del Barça horas después de despedirse del Atlético de Madrid con una carta en la que declaraba su amor a los colores rojiblancos. Los aficionados, por suerte, no se han caído de un guindo y ni los colchoneros prestan mucha atención a las palabras vacías ni los culés creerán en el reciente flechazo del turco.

Los aficionados están acostumbrados a este tipo de “traiciones”, por eso se declaran enamorados de unos colores, de un equipo y no de jugadores, aunque haya algunos en los que merezca la pena depositar la fe. Hay cientos de ejemplos de cambio de cromos sonados en nuestro fútbol:

Figo Barça

Hugo Sánchez llegó a España de la mano del Atlético de Madrid y tras cuatro temporadas se fue a vivir a casa del vecino. Schuster lo hizo de la del Barcelona, de ahí pasó al Madrid y acabó cambiando el blanco por las rayas rojiblancas. Laudrup era imagen blaugrana y la acabó siendo del eterno rival, y lo mismo pasó con Figo, uno de los casos más ruidosos. Pero también hubo traiciones a la inversa como las de Eto’o o Luis Enrique. Quién sabe, tal vez mañana veamos a Casillas besando el escudo del Oporto, o algún día el del Barça… lo mismo da, será igual de chocante.

Luis Enrique Real Madrid

Diego Forlán ha regresado a Uruguay y lo ha hecho para besar el escudo de Peñarol. En su caso el amor parece sincero: Vestir la camiseta del equipo del que es hincha y donde su “viejo” hizo historia parecen motivaciones más convincentes que las que suelen imperar en el planeta-negocio fútbol.
Forlán Peñarol
Hace cuatro años Diego abandonaba el Atlético de Madrid y yo le despedía con esta carta:
“Besar el escudo, carta de despedida a Diego Forlán.
Diego Forlán me ha hecho llorar tres veces. La primera, en Liverpool, con ese gol en la prórroga que nos clasificaba para la final. La segunda, en la Final de Hamburgo. El Uruguayo, cuando celebra los goles, no se besa el escudo, ni un anillo, ni pone morritos o se levanta los cuellos de la camiseta. El Uruguayo se la quita, mostrando de dónde le viene la fuerza, aprieta los puños, estira los brazos con rabia y grita. Hace año y medio le entrevisté. En prensa del Atleti habían dicho que no (era una publicación pequeña), pero él dijo que sí y dedicó media hora de su tiempo libre a contestar a mis preguntas. Fue sincero, y esa media hora casi compensó mis cinco años de Carrera.

Un día dijo que él era jugador del Atlético, no fan, y casi le crucifican.

El otro día, en su despedida, cuando ya no tenía que ganarse los favores de nadie con hipocresía, dijo que se marchaba siendo hincha del Atlético de Madrid.

Y me hizo llorar otra vez. La tercera. Supongo que la última. Gracias Diego, y suerte.

 Forlán Atleti

Hoy, probablemente, no se pueden escribir muchas cartas así.

 

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.