Si me preguntan por mi recuerdo más nítido de Miguel “ El Pechuga” San Román se llevarán una sorpresa. No le recuerdo en la portería, en el banquillo ni en la foto de algún periódico. La imagen que me viene a la cabeza es la de una cara bañada en lágrimas, la de un hombre inconsolable mientras sujeta una pancarta enorme con forma de camiseta con el 8 de Luis Aragonés en el centro del estadio Vicente Calderón.

Fue hace poco más de un año, y semanas después tuve ocasión de verle en un acto de la Peña Los 50 que conmemoraba al equipo de la Final de Champions del 74. Me pareció un hombre entrañable, llano, divertido… auténtico. Desde ayer, sobre todo, le describiría como un hombre querido y, por lo que dijeron de él, amigo de sus amigos.

Miguel San Román jugó doce años en el Atlético de Madrid y sólo uno fue el portero titular. Como él mismo dijo “creo que he jugado 71 partidos en 70 años, estaba un poco mal de forma así que me dosificaban, un partido por año”. Lo dice con sentido del humor, un sentido del humor que es una constante en todas sus intervenciones a lo largo del acto. El sentido del humor del que fue suplente casi durante doce temporadas y aún así se ganó un hueco entre las leyendas rojiblancas. Por su carácter y por su papel esencial en el equipo, sobre todo, fuera del campo.

José Antonio Martín Otín, más conocido como “Petón”, ha querido rendir homenaje a esta gran persona contando su historia, “sus cuatro vidas” o, en sus propias palabras “este libro salda una deuda con Miguel San Román. Porque todos tenemos una deuda con Miguel San Román. Por la alegría que ha dejado caer sobre nosotros. Por los momentos en que necesitábamos un amigo y él estuvo. Porque él es el alma del Atlético de Madrid. Y porque a los que entendemos el Atlético de Madrid como una misión, no sólo como una afición, Miguel es nuestro enlace, nuestro espejo, nuestro nexo. Nuestro abanderado”.

José Luis Garci es el encargado de introducir al escritor y al homenajeado. “Aquí donde los veis, a Miguel y a José Antonio, son dos genios de paisano. En mi ya no corta vida he conocido poca gente más alerta que ellos: Alerta como Nueva York, alerta como Di Stefano, alerta como Picasso. La inteligencia es precisamente eso: un estado de alerta”.

A lo largo del acto se van sucediendo las intervenciones, las anécdotas, los momentos emotivos y hasta tristes, los divertidos que van acompañados siempre de carcajadas de todos los allí reunidos. Uno de ellos es la explicación al título del libro. Cuenta Petón que San Román siempre decía: “A mí el orujo que me gusta es el blanco, ¡pero por encima de mi cadáver!” y cuando le preguntaba el camarero el “Pechuga” respondía tajante “yo blanco ni el orujo”.

José María García toma el micrófono y habla al auditorio, y lo hace como siempre lo hizo, sin morderse la lengua: “A mí sólo me han intentado comprar una vez, fue un amigo del actual presidente del Real Madrid, y sólo me han intentado pegar una vez: aquí el homenajeado” afirma ante la carcajada general para seguir hablando claro. “Yo, que he sido madridista no confeso hasta que llegó quien no debería estar ahí, he aprendido a querer los colores del Atlético de Madrid. Ser del Atleti imprime un carácter especial”. Luego se dirige a su amigo Miguel. “Hoy es prácticamente mi pareja sentimental. No vamos a salir ahora del armario”. Y le interrumpe San Román, tajante: “No, vamos a quedarnos así”.

Y así avanza el acto. Un acto en el que hay multitud de periodistas y aficionados pero, sobre todo, familiares y amigos de San Román. Adelardo, Gárate, Rodri, Luis Pereira, Ufarte, Leal, Ovejero, Toni Muñoz, Marcos Alonso, su inseparable Pepe Navarro (“son el Dúo Dinámico, Ortega y Gasset, Ramón y Cajal”) e incluso, como dijo El Pechuga, “el único madridista que está hoy aquí“, el mítico Zoco. Y termina con el auditorio puesto en pie aplaudiendo a Miguel San Román y con un rato largo de firma de ejemplares de un libro que no es un libro. De un libro que es un homenaje, una deuda saldada. De un libro que, ya desde su título, no es un libro sino una declaración de intenciones. Una declaración de amor a unos colores. Blanco ni el orujo. Las cuatro vidas de San Román.

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