Nadie dudaba que sería un encuentro mágico, pocos imaginaban que la respuesta a quién ganaría estaba en la competición: Copa del Rey. El nombre del preciado trofeo facilitaba una pista de quién sería el primer club con billetes a la gran final. Efectivamente, jugando a las letras en hora poco habitual, el Rey cedía la N para convertirse en Copa del Ney, o lo que es lo mismo: Copa de Neymar. El jugador brasileño saltó sobre el terreno de juego dispuesto a coronarse. Y lo logró. Sin embargo, la majestuosa intervención de sus compañeros fue esencial para la coronación.

Los hombres de Luis Enrique se adelantaron en el Madrigal con un temprano gol de Neymar y buscaron dentro del submarino amarillo la manera de ahogarlos con sus aguas azulgranas. Lejos de abrumarse tan pronto, el Villarreal buscó, mereció y doña casualidad quiso que fuera Dos Santos, ex jugador azulgrana, quién anotara el gol del empate. La certificación de que el fútbol es gigantesco superaba los minutos.

Tras unos largos momentos para los culés, la sensación de superioridad del rival ganaba, pero el fútbol no entiende de sensaciones y poco a poco el FC Barcelona adquirió el control del partido. Ya en la reanudación y con la supuesta charla, Suárez primero y Neymar después firmaban el pase a la final.

El Barça fue discreto pero supo aprovechar las ocasiones que tuvo para meterse en la final de Copa. El Villarreal perdía y finalizaba así su lucha entre aplausos, con actitud, saber estar y música de orgullo amarillo.

Ahora, los culés tienen delante un difícil camino hasta llegar al templo. No obstante, han dado un gran paso que permite creer en la posibilidad de la era Luis Enrique. Así que, atentos que esto no ha hecho más que empezar.

Sobre El Autor

Mireia Morais

“No hay nada más peligroso que no arriesgarse.” Pep Guardiola.

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