Un tío que consigue el mismo año ganar una Champions, una Eurocopa y un Balón de Oro… y ha sido el más criticado y asesinado mediático del panorama actual. ¿Por qué? Porque no es hipócrita y actúa según piensa. Eso hoy en día es una crítica y un insulto aplastante. Porque está mejor visto ser un bien queda  aunque por detrás te lo lleves crudo. 

Sí, amigos, así es. Algunos pensaréis que Cristiano es un tío que genera odio o levanta pasiones; pues os diría que, desgraciadamente, genera más de lo primero porque gran parte de las personas que le tendrían que estar más agradecidos por los logros que ha conseguido para su club son los mayores detractores.

El 19 de noviembre nos levantábamos con el ya famoso discurso de agradecimiento de Cristiano – el honrado-  a sus compañeros y equipo técnico de la selección de Portugal tras ganar la Euro.

Estas palabras salen de lo más profundo de su corazón. Se notan la lucha y entrega que le han supuesto poder llegar hasta ahí y es plenamente consciente de que él solo nunca lo hubiera conseguido, se debe al esfuerzo y trabajo de un equipo. De aquí a que el fútbol, deporte que ha escogido Ronaldo, sea un deporte de grupo, no individual. Porque los logros y derrotas se deben a un conjunto.

¿Que se gusta a sí mismo? ¡por supuesto! De eso carece el planeta, de personas que se gusten a sí mismas. Si tú te quieres es porque estás orgulloso de cómo eres, de tus actos, de cómo has trabajado, de cómo has luchado. Eso, señoras y señores, se llama honradez con uno mismo.

Ayer Cristiano conseguía llegar a una nueva meta: igualar a Di Stéfano en goles marcados en un derbi madrileño, además de superar a otro emblema madridista como Santiago Bernabéu.

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¡Viva la honradez! La humildad ya pasó a la historia. Algunos hablan mucho de humildad y van dando ejemplo, porque queda muy bien decir buenas palabras y que el público te aplauda y te honre; pero la honradez tiene que ser con uno mismo, no a costa de alabanzas. La honradez se la marca cada uno siendo consciente de sus actos y sus méritos. Para mí, Cristiano es Cristiano el honrado, el que a base de esfuerzo y sacrificio ha conseguido el máximo nivel, el nivel de un atleta griego que otros más “humildes” tendrían innato y podrían superar sin tanto sacrificio. Pero el sacrificio en nuestros días no está valorado. Se honra al humilde y al que dice lo que quieres escuchar.

No queremos ver más allá de lo que nos interesa bajo unos estereotipos.  Yo me quedo con la honradez de un Cristiano que lucha por estar al máximo, que no se da por vencido, que tiene retos, metas; al que le motivan las críticas para poder superarse.  Vuestros pitidos serán sus ecos angelicales, cuanto más le queráis hundir más resurgirá cual ave fénix. 

Sus actos son honrados. No tiene que disimular, no tiene que quedar bien.  Él ya ha cumplido su cometido y entiende verdaderamente qué se espera de él. 

Me permito hacer una reflexión a los más incrédulos: si existieran más personas como Cristiano -el honrado- tal vez seríamos más eficientes en nuestros trabajos, en nuestros compromisos, en la exigencia con nuestro equipo y con nosotros mismos.  Nos dejaríamos de tanta crítica y baja autoestima porque estaríamos centrados en la superación. 

Apunten otros dos valores: 

Honradez y sacrificio.

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