Hace casi un mes estaba en la grada del estadio Centenario de Montevideo vibrando con la hinchada de Peñarol. Debo esta tremenda experiencia a mi compañera de Vestuario Gaby Alonso, quien a pesar de ser aficionada a Danubio, me acompañó a una parada obligada en mi viaje a Uruguay. Ver un partido de fútbol allí, en el Centenario a ser posible, a Peñarol a ser posible, a Forlán a ser posible… y no sólo le vi jugar, sino que celebré como una más hasta tres goles suyos.

Diego Forlán

La animación de la grada me dejó impresionada. Porque allí no sólo cantaban, animaban, aplaudían… lo de allí era un concierto en toda regla (y no me refiero al mítico que dieron los Rolling tan sólo cuatro días antes de ese partido). Porque los ultras de Peñarol (o la grada animación, como quieran) tienen orquesta; se acompañan de instrumentos más allá del típico bombo y altavoz a que estamos acostumbrados aquí. Y la música, o el ruido más bien, es incesante. Y la alegría.

Peñarol

Porque la alegría es, a fin de cuentas, la esencia del fútbol. El objetivo real, la auténtica recompensa. No lo son los títulos expuestos en las vitrinas de los museos de los estadios, los negocios que se cuecen en los palcos o fuera de ellos, el número de goles que acumule un jugador o el número de ceros en su cuenta corriente. En el fútbol lo que importa es la alegría. Claro que la alegría de unos supone, irremediablemente, la desgracia de los contrarios. A veces tarda meses en llegar, incluso años, pero siempre llega. A todos. Porque cada aficionado, sea del equipo que sea, acumula alegrías; momentos imborrables que guardará con mimo en la memoria.

En el estadio Centenario, entre el repertorio de canciones que coreó la afición de Peñarol, me emocionó sin duda una. Tal vez porque me recordó a la que he escuchado muchas veces en mi estadio y la cantaron con algunas letras cambiadas, pero con la misma pasión.

“Dale alegría, alegría a mi corazón. La Copa Libertadores es mi obsesión”.

Cambiamos esa competición americana por la Liga de Campeones, recordamos las veces que la hemos oído cantada al unísono por miles de gargantas al otro lado del charco y nos emocionamos seguro.

El otro día Juanfran, el Cholo, el Atleti, le dieron alegría a mi corazón tras casi pararlo con más de ciento veinte minutos de agonía y quince penaltis de infarto. Hubo nervios, tensión, sufrimiento… y todo ello hizo que la explosión de alegría fuese mayor. Una descarga de adrenalina brutal tras dos horas en las cuales los que animaban en la grada acabaron igual de agotados que quienes corrían en el campo.

Juanfran Torres

El sorteo de cuartos de final de Champions ha provocado alegría en algunos y resoplidos en otros. Tal vez en unas semanas la alegría cambie de bando. Al final siempre lo hace.

Dale alegría, alegría a mi corazón.

Atleti-PSV

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