Que gane el mejor“. Esa era la frase que más me repetían lo madridistas ayer domingo durante todo el día. Amigos, conocidos y demás utilizaban cierto rintintín a la hora de dirigirse a mí y al aficionado culé en general. Pues, ¿saben qué? eso pasó. Ganó el mejor, y cuando digo el mejor no me refiero al que mejor partido jugó. Me refiero al equipo que ahora mismo, en términos generales, pasa por un mejor momento. Y ese fue el FC Barcelona.

No cambió la cosa después del partido. Para no variar un sin fin de mensajes en redes sociales, en los móviles, y en las conversaciones de los bares, pidiendo que se reconociera que habían estafado al Real Madrid, que les habían robado en campo blaugrana. Tengo otra frase para todos esos que lo reclaman: ERA FUERA DE JUEGO. Ahora lo explico. El partido comenzó raro, eso es así. Nosotros los culés no estamos acostumbrados a ver a nuestro equipo salir tan parsimoniosos, hasta a veces lentos en el juego, pero bueno…podía ser comprensible. Un clásico es un clásico y sabemos que se juegan muchas cosas más sobre el terreno que simplemente tres puntos. Dividido el control del balón, posesiones casi paralelas y llegadas al área por parte de ambos equipos. El Barça fue el primero en dar. Uno de esos jugadores a los que se puede considerar secundarios, de esos a los que no se presta especial atención durante estos partidos, de aquellos que no son la estrellita de turno fue quien abrió la lata. Mathieu. Gol y mazazo a los blancos. Creo que ninguno de los que seguimos al conjunto catalán nos esperábamos que fuese él quien iba a subir el primer gol al marcador. Yo no, desde luego. Quizás por eso la sorpresa se unía con muchos otros sentimientos.

No hay que quitarle mérito al Madrid. Para nada. El conjunto de Ancelotti supo sobreponerse y lograr el empate. Creo que es de esas veces que más capacidad tengo de soltar burradas delante de una pantalla. De la mano de Cristiano Ronaldo, que nos volvía a pedir calma en el Camp Nou, cómo no. Los merengues empataron el encuentro y se vinieron arriba. Y vamos que si lo hicieron. Contra las cuerdas nos tuvieron en un sin fin de oportunidades que terminaron en agua de borraja. Vamos, que perdonaron y como comúnmente suele decirse “quien perdona la acaba pagando“. Muchos reclamaron un gol anulado a Bale, BIEN ANULADO, por fuera de juego anterior precisamente del portugués. Aceptadlo, es así, no matasteis el partido y nos lo llevamos nosotros.

Perdonó tantas y tan claras el Real Madrid que a nosotros no nos quedó otra que recoger el testigo y hacernos con el partido. No era nuestro mejor momento, nos estaban atacando por todos los frentes posibles pero entonces apareció el uruguayo. Ese al que tanto madridista le gusta recordar que muerde, ese que ayer lo único que hizo morder fue a los blancos los cuatro puntos que ahora nos separan. Luis Suárez llevó el balón al fondo de la portería y el 2-1 se establecía en el Camp Nou para júbilo de los allí presentes, y los que andábamos un poco más lejos. Desde ese instante fueron los blaugranas los que dominaban un partido que por momentos era una locura. Y que acabaría tal y como empezó, con la posesión dividida, ambos equipos intentando matar el encuentro y una frase en mi mente “que gane el mejor”.

¡Visca el Barça! Nada más que añadir.

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