El Camp Nou será escenario de El Clásico número 170 entre Barcelona y Real Madrid el próximo domingo a partir de las 21 horas. Un Clásico que además de su incidencia en cómo amanecerán el lunes los españoles dentro de la península, será importante también, fuera de fronteras.

Mientras repasaba los antecedentes, recordé aquella mañana como si estuviera sucediendo ahora mismo. Salté al campo de juego apenas acabó de entrenar el equipo catalán. Casi como por instinto, me imaginé en la parte más alta de la grada, horas más tarde. Pero eso no sucedió. Cuando por fin logré encontrar la puerta que mi entrada indicaba, miré el número uno de la fila tres de atrás de la portería, como esperando despertarme de un sueño.

Fue la primera y hasta ahora la única vez que tuve el privilegio de vivir El Clásico en vivo y en directo y para mi suerte, fue un partidazo. Aquella noche, Barcelona y Real Madrid empataron a 2, resultado que dejó a los merengues fuera de la Copa del Rey, tras haber caído en la ida, por 1-2.

Insólitamente, a pesar de lo que el resultado global significaba, disfruté tanto como si de peque me hubiesen soltado con un pase libre en Disney. Sin embargo, os puedo asegurar que no se vive ni de broma como estando fuera.

A veces, a través de las redes sociales, llego a considerar que en la Península no tenéis idea de lo que pasamos los que estamos fuera, aficionados o no a estos equipos, cuando se juega este partido. Y os voy a ilustrar con una imagen que corresponde a la película ‘Sentimiento Madridista’ y que no solamente me quedó grabada en la memoria, sino de la que fui arte y parte muchas veces, por nuestro Barcelona vs. Real Madrid.

'El Clásico' Barcelona - Real Madrid, fuera de fronteras

  La escena sucede en un barrio de Venezuela, donde aficionados de ambos equipos apelan a lo que tienen a mano para poder conectar con España y ver El Clásico. Aunque eso signifique dejar a un madridista, destornillador en mano, pegado al viejo televisor.

Y no es tan loco. Muchas veces, luego del conteo regresivo, de discutir antecedentes, alineaciones y posibles tácticas de los entrenadores incluso con gente que no suele ser adepta al fútbol, nos encontramos, aun en el siglo XXI, realizando una serie de artilugios para poder pillar la previa, el partido y el post partido y alentar y comentar, tanto como vosotros, y muchas veces cabrearnos con algún periodista al que quizás jamás le habíamos visto la cara, o escuchado la voz.

Apelamos a los recursos más bajos. Me recuerdo hace unos cuantos años aquí en Uruguay, como el tío de la foto, procurando apuntar la antena de mi viejo televisor para pillar la señal de algún vecino. Más cerca en el tiempo, peleando con la conexión internet que casualmente en este tipo de partidos, se pone más lenta que de costumbre; guardándome los días de vacaciones tras prever, cual visionario, cuántos Barcelona-Real Madrid podrían disputarse esa temporada, o cogiendo taxis en cualquier punto de la ciudad para llegar en hora a la casa de la amiga que tuvo la amabilidad de contratar justamente el único servicio de televisión para abonados que transmite este tipo de partidos.

Este domingo, el sitial de privilegio en la grada del Camp Nou instalada en Montevideo, me encontrará una vez más ‘termo y Termo y mate para esperar El Clásico mate’ de por medio, con Leticia, una madridista de ley, y Cecilia, una atlética que seguramente y aunque más no sea por llevar la contra, se plante con la máscara de Luis Suárez… Y me costará un helado y seguramente muy caro en algún punto cercano a la Torre de Londres, en mi próxima visita a Europa. Aunque quizás luego de leer esto sean dos…

Pero nada es suficiente para agradecer el privilegio de saber que tras una larga espera por fin llega el día y que sea cual sea el resultado, será un partido único. ¿Por qué? Por el simple hecho de que es el partido que más moviliza los sentimientos de amor y odio, de locura y pasión.

Fuera lo sentimos como vosotros y quizás, hasta un poco más. La cosa se potencia porque somos como los niños que tienen un sueño y no saben si podrán cumplirlo y los que tuvimos la suerte, si podremos repetirlo. Fuera lo vivimos con un fervor que vosotros seguramente no podréis comprender jamás, con un sentimiento difícil de explicar, que solo genera El Clásico Barcelona-Real Madrid.

Por razones obvias, últimamente en Uruguay hay mucho blaugrana improvisado, que quizás no tiene ni idea de lo que es la senyera, de la fecha de fundación del club o de cuando debutó Messi en el primer equipo.

Pero este día se perdona todo. Cualquier futbolero promedio se transforma en el más ultra de los aficionados, capaz de detectar cualquier error táctico propio o ajeno, de planear mejores estrategias que los entrenadores de turno, y… ¿por qué no? de animarse con alguna promesa.

El lunes será un día difícil, muy difícil, tanto si gana uno como el otro, porque cuando hay Clásico no importa qué sucedió con la diferencia en la clasificación. Cuando juegan Barcelona y Real Madrid es eso, un Barcelona-Real Madrid y tiembla el mundo entero. Sobre todo ahora, que juega “Luisito”.

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