Si ayer era mi compañera Antía la que escribía sobre lo anormal que parece muchas veces el fútbol “El fútbol da asco”, hoy me uno a su causa y analizo el porqué de esta situación.

Un artículo sobre la educación

Como Antía yo también me he ido moderando con los años; hace tan solo dos semanas era yo quien llamaba a mi amiga y compañera de Vestuario para decirle que no quería ser más irracional en el fútbol, me sentía mal y no quería ser así, pero desgraciadamente estaba educada para odiar.

Mi generación como todas las que he conocido hasta ahora están infectadas por el odio al rival, la agresividad que llevamos a los campos de fútbol son motivo de una no educación. No hemos sabido apreciar los valores del deporte y nos han podido más nuestros genes bélicos que la racionalidad. El sentido de pertenencia que tenemos por algo, en este caso por un club, es motivado por la pasión y lo hemos enfocado continuamente por el lado destructivo.

Nos gusta sentir unos colores, pertenecer a un colectivo, pero también nos gusta tener un rival al que batir fuera y dentro del campo, al que insultar, al que agredir… y no nos conformamos solo con defender lo nuestro sino que tenemos que hacer ver que el contrario es inferior y que merece todo nuestro desprecio. Sí señores, así es.

Soy de las que pienso que nunca es tarde para corregir errores y voy a empezar por no culpar al resto de mis actos, si me han educado o no para odiar, el caso es crear conciencia de uno mismo y corregir lo que a uno le haga sentir mal.

Desde que voy al campo a animar, toda esa ira por el rival va desapareciendo, solo me preocupo de animar a mi equipo, por supuesto sigo sintiendo al límite, me enfado cuando pierdo y me lleno de gloria cuando gano pero comienzo a ver el fútbol como fútbol espectáculo, me alejo de los que solo van a las gradas a gritar e insultar, de los que van con cara de pocos amigos y con el ceño fruncido y comienzo a juntarme con los que van alegres y risueños, van a  gritar sí y a desahogarse también cantando y animando. En casa escucho los programas que me hacen reír, que utilizan el humor para hablar de fútbol y me alejo de los que generan polémica y odio.

Empiezo a educarme y por eso me invade la tristeza cuando leo la despedida de Benítez y me da un ejemplo de señorío, me doy cuenta de que no es solo un entrenador en el que poder desahogar todos mis males, es una persona que siente y padece como yo. Por eso llamo a mi amiga y le digo: “Antía, no quiero seguir siendo radical, no quiero odiar”.

Y por el mismo motivo, me siento triste cuando veo esto:

 

Ha sido mi rival durante toda mi vida, quiero que siga siendo mi rival y no quiero odiarle, solo quiero competir contra él. El resto me sobra.

Sobre El Autor

Lara Molina

“La camiseta del Real Madrid es blanca, se puede manchar de barro, sudor y hasta de sangre, pero nunca de vergüenza.” Santiago Bernabéu.

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