Hacer un directo en la radio, estrenar una obra teatral o iniciar una gira de conciertos, son acontecimientos a los que periodistas, actores y cantantes respectivamente están acostumbrados. Os aseguro que ninguno de ellos está seguro de sí mismo cien por cien cada vez que “actúa”. La pérdida de respeto a la profesión y a la herramienta de trabajo es la pérdida de respeto al público. Por eso cada cambio, cada táctica y cada decisión representan el respeto y el valor que se da a un grupo de aficionados al fútbol, capaces de viajar por todo el mundo para animar a su equipo.
El Real Madrid no respetó al rival ni tampoco a su afición, y cuando se dio cuenta fue tarde. Los que no suelen cometer errores los cometieron, los que son conscientes de sus limitaciones fueron más temerarios que nunca, los que donde ponen el ojo ponen el balón desaprovecharon varias ocasiones. Todo esto bajo la frase “solo es la Juve”. Una Juventus capaz de sacar de sus casillas a todo un campeón de Europa. Y ahora es “anda que dejarse ganar por la Juve”. Insisto, desprestigiar al rival, aunque no sea el tuyo y aun cuando ni siquiera estás en esa competición, es una falta de respeto digna de espectadores de barra de bar de servilletas en el suelo.

 

 

 


Los Real Madrid-Juventus y viceversa están plagados de historias de amor y desamor. Después de 53 años sin ganar a los italianos en casa, los de Ancelotti no pudieron romper la maldición. Los que creían que el Real Madrid iba a tener un partido fácil, estaban muy equivocados.
Parecía que el 2-1 no podía estar pasando, que el Madrid siempre acaba apelando a la épica y salvándose, pero esta vez no.
Tras 90 minutos de sufrimiento e incredulidad, el partido se cerró con la frase que más emociones y miedos desata: aún está todo por decidir.

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