Se hace camino al andar. Se traza con nuestros propios pasos, decisiones y actuaciones. El Sevilla FC camina con paso firme por Europa, y va creando un sendero, lleno de dificultades, sobre el que demostrar por qué son, hoy por hoy, uno de los conjuntos con más posibilidades de alzarse con el título de Europa League. Una competición que no dejaré nunca de decir que, por ahora, es SUYA.

Ningún camino es fácil. Cuando se echa a andar los pasos han de ser seguros, concisos, sin dudar. Hay que dejar claro, con cada pisada, que lo que hacemos es ir hacia una meta, tener un final, un destino. El del Sevilla pasa ahora por Rusia, su próxima parada en este recorrido. Los de Unai Emery visitarán al Zenit habiendo cumplido con lo esperado, llevarse la victoria (no sin algún susto) en casa. El Sánchez Pizjuán es su amuleto, su fortín, su hogar.

Las cosas parecían no pintar del todo bien en esta nueva andadura cuando en el minuto 29 se adelantaban los visitantes, el Zenit ruso. Llegados desde ese país tan lejano y frío (o así lo describen), que no contaban con que el lugar donde se encontraban podía ser un auténtico infierno. Un hervidero. Un lugar donde las almas y los corazones son rojiblancos. Donde no hay nada perdido hasta que no se pita el final. Y donde Europa cae rendida cada vez que el balón echa a rodar.

Cuando todo parece sentenciado, cuando las fuerzas comienzan a flaquear y cuando hasta el más orgulloso sevillista empieza a pensar que esto puede estar perdido, en ese momento, justo en ese instante aparece un jugador que pone remedio a la situación. En el partido de anoche fue Bacca. ¿Cómo no? Él no podía faltar a esta cita tan importante con el gol. Más bien, tan necesaria. Su equipo le necesitaba y allí que consiguió el empate entorno al minuto 72. Se venían arriba. Se podía conseguir. Se iba a conseguir. Una vez más apelamos a algo fuera de lo propiamente futbolístico, fuera del control del balón, la posesión y el gol. Apelaron, una vez más al orgullo. Al “yo puedo, yo lo hago, yo lo consigo”. Y eso, es también el Sevilla.

Tanto es así, que no iba a quedarse ahí la cosa. El empate solucionaba, calmaba, ayudaba, pero no daba la victoria, no les dejaba adelantados en la eliminatoria y sobre todo, no valía al sevillismo. Un sevillismo que empieza en la cabeza de su entrenador, pasando por cada jugador y llegando a los corazones de todos sus aficionados. Un poco cursi, sí, pero real. No hay sentimiento más verdadero que el de dar tu amor a algo, en este caso a unos colores, sin pedir nada a cambio. Y eso, es lo que hacemos los aficionados al fútbol. (Sevillistas o no). Y porque una vez más lo merecían, lo habían buscado, lo habían trabajado, llegó. Llegó el gol del 2-1 de la mano de Denis Suárez. Minuto 87. Casi terminado. Objetivo conseguido.

Salir victoriosos una vez más. Lograrlo con casta, orgullo, sentimiento y trabajo. Algo muy típico, casi ya normal de ver si vas de la mano de este club. Queda la vuelta, nada está hecho aún y la renta no es demasiado amplia como para andarse por las ramas. En su próximo camino por Europa el Sevilla tendrá que luchar una vez más. Pero no olviden una cosa: para el Sevilla FC, Europa es su casa.  Y, con un poco de suerte, podrá una vez más presumir la Giralda orgullosa, tal y como lo hizo anoche.

Sobre El Autor

Cris De León

"Malo no es soñar, malo es quedarse dormido y desperdiciar las oportunidades." Andrea Pirlo.

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