Acostumbro a encumbrar cualquier cosa que hacen. Acostumbro a valorar mucho las victorias e incluso a veces los empates del Sevilla FC. Acostumbro, y eso es culpa suya, a no tener que ver lo malo, porque siempre hay algo que rescatar, que valorar, que admirar. El Sevilla, hasta ayer frente al Real Madrid, siempre me dio un motivo, una razón para pensar que son unos luchadores natos desde el minuto uno. Eso ayer no cambió. La lucha estaba presente en cada jugada. El Sevilla no.

El conjunto de Unai Emery luchaba cada balón, peleaba por ellos, tiraba de casta e intentaba superar el golpe que supuso el hat-trick de Ronaldo en territorio sevillista. Menos mal que los de Nervión son de esos que no dan por perdido un partido hasta que no suena el pitido final. Menos mal que cada ataque, desde que se consiguió el 2-3 pareció despertar a la bestia. Reaccionaba el conjunto hispalense, tarde, pero lo hacía. Tras varios vapuleos del conjunto de Ancelotti, el Sánchez Pizjuan hervía de nuevo. La caldera en que se ha convertido su estadio, gracias como siempre digo entre otras cosas a su afición, cambió. Era de nuevo comunión y sobre todo unión entre equipo y afición. Esa que empuja, tanto que le falta bajar al campo a luchar como uno más, y que lleva al Sevilla a lo más alto.

Un conjunto, el sevillista, que más que de billetes parece estar hecho de coraje. Desde el banquillo hasta el último jugador que ocupa su puesto en el terreno de juego. Las circunstancias en que vivió ayer no fueron del todo justas. El primer gol que recibió…sigue coleando hoy el dolor. El dolor que supone ver repetidas las imágenes y también el dolor de saber que, posiblemente, la cosa hubiera sido diferente de haber estado en igualdad de condiciones. Quizás sea solo la búsqueda de una excusa, pero ¿qué quieren? hay goles que duelen y ese fue uno. El choque entre Ramos y Krychowiak dejó al polaco mucho más mermado, tanto que tuvo que irse al vestuario y estuvo hasta cinco minutos fuera del terreno. Ese tiempo fue el que necesitaron los blancos para mostrar su mejor cara, llegar al área y hacer un gol al conjunto local que en ese momento contaba con 10. Como decía, son goles que duelen.

Cuando ya estaban en el 1-2 el partido se ponía de cara a los visitantes. Estaban siendo mejores, eso no hay que ocultarlo, pero cómo no, los sevillistas no iban a bajar los brazos. No acostumbran a hacerlo. Esta vez no iba a ser diferente. Tampoco con el 1-3. Qué partido. Qué agallas tiene el Sevilla, por no decir cojones. Y perdón por la palabra. Al conjunto de Emery no hay que darle por muerto cuando sólo está herido. Logró incluso el 2-3 y luchar hasta el pitido final por el 3-3. Estuvieron a punto, a muy poco. Como muchas veces se dice, el fútbol no siempre es justo.

Atrincheró al Madrid en su área. Luchó como si estuvieran en el minuto 20 de la primera parte cuando estaban en el 45 de la segunda. Terminaba el partido con el resultado favorable a los visitantes pero con el ánimo y las ganas del local por todo lo alto. Ojalá mantengan esa actitud de cara a su enfrentamiento del jueves en Europa. Allí son los reyes. Allí muestran otra cara, allí son fuerza, coraje, lucha y corazón desde el minuto 1. Se terminó el partido sin premio para el Sevilla. Una pena. Tenía una y otra, y luego otra. Segundos para el final y lo tenía todo de cara. La afición, el partido, el juego…pero no se puede esperar hasta el último momento. Tremendo el momento por el que pasa el Sevilla que demuestra que pese a todo, no es invencible. Ni tan siquiera en el Sánchez Pizjuan. Aplaudía la mayoría de aficionados al finalizar y no merecían menos los andaluces. 2-3. Final del partido. Final de la lucha. Sevilla, pese a todo, la Giralda sigue orgullosa.

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