Vladimir Putin es uno de los dirigentes que, sin duda, no pasarán a los libros de texto sin pena ni gloria. Podría haber sido coetáneo de los altos mandos militares en las guerras mundiales. No le tiembla la mano ni la voz cuando toma decisiones. Todavía infunde terror en sus compatriotas y su máxima es “pues yo más”.

El presidente ruso es famoso por -su falta de humanidad y- sus continuas muestras de poderío. Da igual que se trate de anexionar territorios, descorchar botellas de vino de más de trescientos años en zonas de conflicto, echar un pulso a Europa con el gas o vetar a jugadores de determinada nacionalidad. Esta ha sido precisamente su última idea. Los clubes deportivos rusos no podrán fichar a jugadores turcos en el próximo mercado de invierno. Esto forma parte de una de las medidas tomadas por parte del gobierno ruso tras el derribo de uno de sus aviones al atravesar el espacio aéreo otomano. Putin es ante todo un señor de la guerra y sabe cómo dar pequeñas punzadas al enemigo hasta que la herida sea incurable.

El Rubin Kazan es el único equipo que tiene a un jugador turco entre sus filas: Gökdeniz Karadeniz. Aunque precisamente a él, con contrato en vigor hasta dentro de tres años, no le afecta la medida. La sanción se aplicará a futuros fichajes y Putin no hará distinciones. No importa el comportamiento. Hakan Çalhanoğlu, que bendijo un trozo de cerdo que le tiraron durante un partido, y Arda Turan, que lanzó una de sus botas a un linier; son iguales. Para el gobierno ruso son simplemente un par de turcos y, como tal, enemigos.

Si no fuera Putin, cuyo afán de protagonismo le pierde absolutamente, podría pensar que también influyó en su decisión el vergonzoso y asqueroso comportamiento de los aficionados turcos durante el minuto de silencio por las víctimas de París antes del Grecia-Turquía. Si no fuera Putin.

A veces no se debe ser solo bueno, sino también hay que parecerlo. Las ansias de poder y de devolver a Rusia la importancia internacional desaparecida hacen de Putin un ser capaz de dar un puñetazo en la mesa y hacer temblar de miedo al resto del mundo. Y ha empezado por el fútbol que, como todo el mundo sabe, es lo más importante de lo menos importante.

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