Cuando arrancó la semana nadie pensaba, imaginaba o sospechaba que el protagonista del derbi europeo iba a ser un chico que hasta el miércoles no había contado apenas para Carlo Ancelotti y menos que su gol le iba a dar el pase al Real Madrid. El mexicano lo estaba pasando mal, pero parece que los últimos partidos el técnico italiano había dado marcha atrás a su idea inicial y le estaba dando más minutos y él estaba respondiendo. Lo normal, por desgracia, es que cuando no cuentas para un entrenador utilices la prensa para reclamar minutos y si no surte efecto pegarle algún palito que otro al técnico, pero este chico hizo todo lo contrario y se dedicó a trabajar en silencio hasta que le dieran una oportunidad y vaya si la aprovechó.

La historia de Javier Hernández es atípica en un futbolista de élite. Empezó jugando en el Guadalajara donde no era titular indiscutible y veía que no se le brindaba esa oportunidad para hacerse fuerte en el once, lo normal era verle salir del banquillo en las segundas partes, pero Chícharo tenía un plan: trabajo, trabajo y más trabajo. Normalmente eso por desgracia no siempre da sus frutos, pero por lo menos ayuda y vamos si ayudó. El delantero comenzó a convertirse en un asiduo del gol haciendo que varios clubes europeos posasen sus miradas en él, entre ellos algún que otro equipo español como el Valencia. El que se llevó el gato al agua fue un equipo de las tierras británicas, el Manchester de Ferguson.

La historia con el Manchester iba a tener varias etapas, la de la novia que acabas de conocer y es todo armonía y pasión y la no tan buena, la que todo lo que haces siempre le sienta mal y ves cómo poco a poco se apaga la llama. Los dos primeros años de Javier fueron relativamente buenos, anotó bastantes goles y contaba para el técnico, incluso su nombre llega a sonar para el Real Madrid de Mou, pero al final se quedó en una quimera por el precio del mexicano. Parecía que todo iba bien hasta que todo se truncó por un problema de salud que le tuvo apartado de los terrenos de juego, a partir de ahí como dijo García Márquez, su continuidad era “la crónica de una muerte anunciada”. Cada vez menos minutos y por lo tanto menos goles. Eso sí, siempre se mantuvo vivo el interés de muchos clubes europeos por el delantero.

En verano de 2014 llegó el Madrid, sí el Madrid. El conjunto blanco había visto cómo se había marchado Morata a la Juve, Jesé todavía no se había recuperado de su lesión y para más inri Alonso se marchaba al Bayern, y había que contrarrestar la marcha del tolosarra con un golpe de efecto y ese golpe de efecto tenía nombre, Chicharito.

El mexicano llegó con el cartel de suplente desde el principio, lastre difícil de asumir, incluso en el Real Madrid. Carlo le empezó dando minutos, no muchos, pero sí contaba con él. Su mejor partido llegó en la goleada del Madrid al Deportivo de la Coruña y de repente desapareció. Cayó en el limbo del olvido deportivo y mediático, nadie hablaba de él, más que nada porque había poco que decir. Los recolectores de cromos de fichajes fallidos ya estaban con la caña preparada. Pero esto es fútbol señores y aquí todo puede ocurrir.

Veintidós de abril de dos mil quince, nueve menos cuarto y derbi europeo en el Santiago Bernabéu a la vista. Las lesiones de Bale, Modric y sobre todo, Karim Benzema hicieron que se abriera una rendija en la celda su suplencia. Carlo tenía que decidirse por él o por Jesé y al final Chicharito fue el elegido. No jugó un mal partido. Corrió todo lo que pudo, presionó y tuvo alguna que otra ocasión, pero el destino le tenía guardado un regalo en forma de gol.

James inició jugada, Cristiano la llevó a límite y el mexicano la culminó a lo Raúl, como un delantero que está donde se le necesita. Chicharito lo celebró como se tienen que celebrar los goles, con el corazón. Todos los compañeros le abrazaron y el Bernabéu grito al unísono su nombre. El ex jugador cedido por el Manchester fue cambiado en los últimos instantes y se escuchó un estruendo de alegría y agradecimiento en la Castellana, lo primero que hizo fue fundirse en un abrazo con Keylor Navas, otro que también espera su momento de gloria. El goleador de la noche rompió a llorar como el niño que va el primer día al colegio y se separa de su madre, rezó y dio gracias a Dios por todo lo que había pasado –él es muy religioso- y respiró.

A lo largo de la historia reciente del Madrid son varios jugadores que sin tener casi importancia en el equipo fueron determinantes: Karembeu, Geremi o Morales, ese delantero de apenas 1,70 cm que muchos proclamaron durante un tiempo como el sucesor de Butragueño, todos ellos son un recuerdo, una anécdota de momentos grandes del madridismo. La diferencia entre ellos y Chicharito es que a pesar de que lo tiene complicado para seguir en el Madrid, aprovechará cada segundo que le dé Carlo Ancelotti y quién sabe, a lo mejor le convence.

Como decía Woody Allen, a Chicharito le interesa el futuro porque es el sitio donde va a pasar el resto de su vida. Eso sí, en ese futuro sólo se dedicará a hacer lo que mejor sabe: TRABAJAR, TRABAJAR Y TRABAJAR.

 @jpmontero25

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