Lo dijo Gabi después de ganar la Europa League en Lyon, Fernando Torres es Atleti. Y a todos nos llegó al alma. No ha sido un año fácil para el conjunto colchonero. Ha habido demasiados problemas, demasiados cambios y demasiadas luchas en la que sigue siendo, pese a todo, una familia futbolística. Nos hemos mudado, pronto y mal, a un estadio que tiene muy buena planta pero al que aún le queda mucho por aprender. Una de las cosas que he amado siempre del Calderón es su esencia. En parte porque era un lugar que compartías con varios locos que, como tú, adoraban ese escudo. Esta temporada he tenido muchos vecinos en mi asiento. Quizá demasiados. Donde en menos de un año hice amigos, ahora me encuentro rodeada de mis antiguos vecinos y algún que otro extraño. No es fácil estrechar lazos en esas nuevas gradas.

Sigue en el fondo el Frente que, incansable, anima al Atleti partido tras partido. Eso al menos, no lo hemos perdido. Pero tampoco han estado ahí toda la temporada. La cruzada del Club con los hinchas ha sido larga y muy pesada. Los horarios de la Liga y de la Europa League, nefastos. Y mejor no hablamos de esos accesos al Metropolitano que tan fácil nos han hecho llegar y marcharnos del estadio cada día. En resumen, un horror para cualquier aficionado.

Y de repente, cuando parecía que oye, no está tan mal, vamos a quedar por delante del Madrid y además ganamos la Europa League (que es una mierda, como dijo Gabi, pero que es nuestra y nos gusta), va Fernando, nuestro “niño”, y dice que se va. Que hasta aquí. Sin escudo, sin estadio, con la camiseta más horrible de la historia y sin un chaval al que hemos visto todos hacerse un hombre.

Lloré este viernes cuando vi a mi Fernando llorar. Porque como él, yo también estuve por allí celebrando títulos y, como él, soñé cosas que aún hoy espero que lleguen. Pero lloré mucho más este domingo, cuando, con el corazón en un puño en ese partido que tan poco significaba, se me puso la piel de gallina al cruzar la puerta 32. Y al subir las escaleras. Y al contemplar mi estadio desde mi asiento por última vez en esta temporada.

Hubo emoción cuando todos, antes de entonar “la canción más bonita del mundo”, se unieron para recibir a Fernando Torres. Vi en las pantallas a aquel chico que siempre me ha recordado muchísimo a mi hermano de joven, y recordé su primera imagen, allá por los años en el infierno, cuando era más duro ser del Atleti. Imagino que, como todos, me acordé entonces de mil cosas, en especial de las que ya no podemos repetir.

   

Transcurrieron los 90 minutos, cargados de sueños, de esperanzas, de un adiós que no queríamos dar. Porque este domingo, hasta sus detractores, se emocionaron con la despedida de Torres. Lo coreó la grada sin cesar: “Fernando, eres Atleti”. ¡Qué gran verdad! Y contuvimos las lágrimas hasta que sus compañeros le hicieron el pasillo, hasta que Gabi le dedicó unas palabras en nombre de todos, hasta que nuestro “niño” se acordó del tercer anfiteatro.

Algún día explicaré a mis hijos y a mis sobrinos lo especial de aquel día que pusimos en lo más alto a una leyenda. Aquel día en el que todos lloramos y le dimos un poquito de esencia al Metropolitano. Gracias, Fernando, por conseguir lo más difícil antes de marcharte: hacer que empiece a latir el corazón de un nuevo estadio.

Sobre El Autor

Laura Tirado

"Conseguir nuestro sueño pasa por ser valientes." Jürgen Klopp.

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