Miles de hinchas de River acudieron al Monumental para despedir a su equipo en el último entrenamiento de los argentinos antes de viajar a Japón y 15 mil están en Osaka y Yokohama para alentarles. En la otra esquina, unos 500 aficionados del Barça han aterrizado en Japón para buscar el quinto título del ciclo. Si a esto se le suma que en Sudamérica siempre se tiene a los europeos como los rivales a batir, el único camino que tiene el Barça para superar a River en lo anímico es su hambre de títulos y sed de victoria.

Ese único camino no parece muy tenebroso para los intereses del equipo culé cuando ves la plantilla y la dinámica de ambos conjuntos. Desde que River Plate ganó la Libertadores en agosto, ya nada ha vuelto a ser como antes: seis victorias en los 19 partidos disputados después de ser campeón. Esto lo dice todo. Y por favor no me hablen de los tres empates consecutivos del Barça. Contra el Valencia mostraron buen fútbol pero un latigazo final lo borró, frente al Deportivo pudo la relajación y ante el Bayer no había nada en juego. Así que el Barça llega en un buen momento, sí. En un excelente momento, diría yo.

En lo futbolístico el FC Barcelona es infinitamente superior. Las matemáticas no engañan y los resultados de River Plate reflejan su nivel futbolístico. De hecho, Sanfrecce Hiroshima tuvo al equipo argentino contra las cuerdas. Casi salta la sorpresa en la primera semifinal. En cambio, en el otro lado, aunque Messi y Neymar no salgan de inicio en la final – improbable – el equipo de Luis Enrique tiene fútbol para dar y regalar. Y si encima cuentan con un goleador como Luis Suárez, todo es más fácil. El uruguayo tiene el don de aparecer y desaparecer sin que ello afecte a su potencial ofensivo. El charrúa puede estar 80 minutos sin tocar el balón y de repente disparar de primeras para clavarla en la mismísima escuadra. A él no le hace falta entrar en calor.

La fuerza de River Plate saldrá de la grada. Eso y la garra son los argumentos para arrebatarle el título al Barça. El ‘Pep Team’ ya sufrió el pundonor argentino: Estudiantes de la Plata en 2009. Si esa final fue tosca, esta lo será diez veces más. El domingo veremos al equipo de Gallardo multiplicando trabajo de pizarra y movimientos extrafutbolísticos. Esa es su arma. ¿La del Barça? La paciencia. Y con Claudio Bravo en la portería, él valora lo que significa ganar un Mundial de Clubes, enfrentarse a un grande de Sudamérica e incluso podrá decirle a Luis Enrique que él ya ha ganado una final a un equipo argentino.

Sobre El Autor

Álvaro García

"Conocerán nuestra naturaleza y lo lindo que es Chile, pero también los temblores, tsunamis y terremotos, y ahí se darán cuenta de dónde sacamos fuerza y garra para jugar fútbol” Marcelo Díaz.

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