El fútbol es maravilloso. Podría dejarlo ahí y no habría ningún problema, porque es así, este deporte es simplemente imprevisible y una auténtica montaña rusa. Comienzas perdiendo, te remontan un partido y acabas pidiendo la hora en el último segundo de la prórroga. Lo que os decía, maravilloso. La pasión, el trabajo, el esfuerzo. La Supercopa de Europa el FC Barcelona y el Sevilla FC. El espectáculo más grandioso sobre el terreno de juego el que nos ofrecieron ambos conjuntos.

No podía ser de otra manera cuando enfrentas a los dos mejores equipos del panorama europeo actual, campeones de Champions y Europa League. Los 90 minutos reglamentarios sabían a poco y hubo que llegar a la prórroga, casi a los penaltis de no ser por la suerte que acompañó al campeón, el Barça de Luis Enrique. 5-4. Parece mentira que una final del calibre de la que se disputó en el Dinamo Arena haya contado con tantos goles y tantas emociones encontradas. El conjunto catalán comenzaba perdiendo y llegó a ponerse en un clarísimo 4-1. La garra de los de Nervión hizo que los de Emery no se dieran por vencidos y llevaran al extremo el partido. 4-4. Prórroga.  Culés y sevillistas estaban poniendo a prueba los corazones de sus aficionados. Esperar hasta la segunda mitad de una prórroga para ganar un título debería estar prohibido. El Barcelona lo hizo, anotó el quinto gol, ese que sabía a gloria, ese que nos daba a los azulgranas nuestro cuarto título de la temporada. El mismo que alejaba a los sevillistas de un triunfo que merecían como el que más.

Pero el fútbol tiene ese punto irónico, ese que comparte con la vida. El destino quiso que fuese él. El jugador que 60 minutos antes de que sonase el pitido inicial se convirtió en protagonista por conocerse que quería dejar el club que le vio hacerse grande, que le vio pasar de ‘Pedrito’ a ‘Don Pedro’. Él, justamente él,  fue el encargado de, en el que puede haber sido su último partido con la samarreta culé, darnos un título. La vida puede ser irónica, pero también es justa. Y si el fútbol tenía que agradecérselo, si el Barcelona debía hacerlo, no había mejor forma que esta. Gracias Pedro.

Los campeones celebraban y el Sevilla, una vez más, debía esperar. Un poco. Y lo digo así, un poco, porque si no fuera porque (no voy a negarlo) los colores me tiran, hubiera sido, sin ninguna duda un más que justo vencedor. Porque pocos conjuntos han hecho sufrir al Barça como lo ha hecho el Sevilla FC. Porque pocos equipos son capaces de hacer lo que los andaluces hicieron en Georgia, dejar una huella que dará que hablar toda la temporada que aún está por comenzar.

No puedo terminar este artículo de otra forma que dando las gracias. Gracias al FC Barcelona y al Sevilla FC por el partido que nos han dado a los amantes del fútbol en general. Si siempre termino con un ¡VISCA EL BARÇA!, hoy solo puedo añadir una cosa, sevillistas, ¡que viva el orgullo de Nervión!

 

 

 

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