No sucede todos los días aquello de conocer a una leyenda y en este vestuario hemos tenido la suerte de entrevistar al hombre que fue un ídolo para el Atlético de Madrid. La cita tuvo lugar en el Restaurante Panenka, en pleno centro de Madrid capital, coincidiendo con el campeonato de ChampionsLin organizado por Captain Morgan. Rodeados de colchoneros tuvimos el placer (y el honor) de pasar unos minutos con Paulo Futre. El ídolo nos confesó que su columna en Portugal se llama igual que nuestro medio. Las grandes mentes piensan igual.

PREGUNTA. Nos viene muy bien que su crónica se llame ‘Dentro del vestuario’. Usted ha estado en muchos, ¿con cuál se queda?

RESPUESTA. Esa es una muy buena pregunta (piensa). Empezamos quizás mejor por el final. Fue un honor estar dentro del vestuario del AC Milan. De aquel gran Milan. Baresi, Maldini, Tassotti, Baggio… Mirases por donde mirases todos eran cracks. Yo entonces ya estaba terminando mi carrera pero me sentía como un niño por los futbolistas con los que jugaba y compartía vestuario.

Si retrocedemos un poco, cuando llegué al Atleti tenía 21 años y tan solo podían jugar dos extranjeros. Al segundo año me hicieron capitán y yo pensaba “¿Está loco? ¿Cómo voy a ser el capitán de esta gente? Yo solo tengo 22 años y ellos tienen treinta y tantos…”. Tenía miedo en cada reunión, siendo extranjero, o portugués en este caso, de ser el capitán de un equipo tan grande como el Atleti. Tenía un miedo tremendo, pero con el tiempo creo que conseguí ser un buen capitán.

Después vamos al vestuario del Oporto. Gran equipo. Campeones de Europa. Pongo esos tres vestuarios quizá por delante de los demás. Aunque también he disfrutado del vestuario en Japón. Era distinto, otro mundo. Cada día era una sorpresa para mí. Cuando iba a entrenar, con los masajistas… otro mundo.

P. ¿Y era fácil entenderse cuando jugaba en Japón?

R. Teníamos un intérprete. Éramos tres extranjeros. Un ruso, un brasileño y yo. Aún así aprendí cosas y disfruté. Cada vestuario es un templo. También lo era el del Benfica y el del Sporting, porque tuve el honor de jugar en los tres grandes de Portugal. Cada vestuario es un mundo, pero en el fondo tiene el mismo significado para todos: es un templo.

P. Usted mismo acaba de decirlo. Jugó en los tres grandes equipos lusos, pero en España tan solo lo hizo en el Atlético de Madrid. ¿Existe alguna razón por la que ningún otro le tentó?

R. Creo que quizá he sido de los pocos jugadores que con el contrato encima de la mesa no quise firmar por el Real Madrid. No firmé. Entonces estaba en el Marsella, en el que había explotado todo el asunto de la corrupción. Era un auténtico lío y los jugadores teníamos que abandonar el club. Me senté con el Real Madrid, también por el ego, pero yo ya había jugado en el Atleti. Después de varios días de negociación, cuando ya tenía el contrato para firmar, recuerdo que fui al baño. Mis hijos en aquella época tenían tres y cuatro años y yo aún no había pensado en mi familia para tomar esa decisión. En aquel momento, que estaba en el baño con mis dos hijos a la derecha, pensé en qué iba a pasar con ellos. ¿Cómo íbamos a vivir en Madrid? Fui del baño al salón, donde estaban los directivos del Real Madrid esperándome y les dije que no podía firmar. Básicamente porque pensé en la familia. Yo tenía 27 años y hasta entonces había pensado solo en mí, en salir del Marsella, en negociar, en el ego. Luego me di cuenta de que no había sido un jugador más para el Atleti. ¿Cómo iba a vivir en Madrid después de eso? Cambié el chip. No podía hacerlo. Primero la familia.

P. Usted ganó la Liga de Campeones con el Oporto, con tan solo 21 años. ¿Qué recuerdo tiene de aquello?

R. Siempre hay algún recuerdo que te viene a la mente. Cuando se juegan las semifinales o una final, incluso ahora en Portugal que el Oporto jugó con el Dinamo de Kiev, a los que nosotros ganamos en su momento durante las semifinales. Te acuerdas de muchas cosas, la gente te pregunta, la prensa… El pasado año el Bayern jugó la final y durante toda una semana en Portugal estuvimos hablando de la Champions.

P. Además de preguntarle por la competición europea y aunque seguro que se ha cansado también de hablar del eterno rival, ¿cómo ve al Atlético de Madrid para este derbi?

R. En este tipo de partidos cualquier cosa puede ocurrir, esa es la respuesta típica. Pero creo que en esta ocasión va a depender mucho de mi paisano. Si Cristiano está muy muy bien, es complicado, si no tiene su día, está equilibrado. Si él tiene un día malo… ¡ahí está!, ganamos.

P. En estos partidos, y en general, ¿es donde se ve que Simeone es un gran motivador como en su día lo fue Aragonés?

R. Luis era el mejor. Era único. Grande, muy grande Luis. Siempre digo que me gustaría estar un minuto, no cuando el equipo ya está en el campo, sino en el túnel, para escuchar las palabras de motivación que utiliza el Cholo. Tiene que ser algo increíble. Fijaos en lo que ha ocurrido: perdimos contra el Barça, después de haber ido ganando 1-0, lo que es peor aún. Cuando llegas al vestuario te cuesta levantar el ánimo y tres días después teníamos un partido en el infierno de Turquía. El equipo estaba como una roca. Eso es todo trabajo del Cholo. Cómo consigues levantar un equipo en tan poco tiempo, perdiendo contra el Barça… Ahora mismo él es el mejor motivador que hay, no tengo dudas.

P. Para terminar, diga lo primero que se le viene a la cabeza con estos nombres:

  • Rabah Madjer: el jugador más completo con el que he jugado.
  • Jesús Gil: como un padre. Una gran historia de amor y odio durante siete años. Irrepetible.
  • Luis Aragonés: uno de los mejores motivadores del mundo. Le echo mucho de menos.
  • Simeone: el mejor entrenador del mundo, no de ahora, yo lo llevo diciendo ya tres años. El mejor entrenador del mundo sin duda alguna.
  • Fernando Torres: soy el fan número uno de Fernando porque fui yo quien le dio la oportunidad en contra de todos de jugar con el primer equipo.
  • Tiago Mendes: como el vino de Oporto: cuanto mayor, mejor.
  • Ángel Correa: gran talento que sale del sueño, entra en una pesadilla y vuelve a soñar.
  • Paco Buyo: mi gran enemigo. No nos hablábamos durante nuestra carrera pero pasados los años hemos hecho las paces. He conocido al verdadero Paco y hoy le tengo una gran admiración. No tengo dudas de que la rivalidad que teníamos los dos, “a muerte”, me hizo mejor jugador.

Se nos acaba el tiempo. Y así, con unas cuantas preguntas en el tintero pero, sobre todo, con ganas de seguir hablando o, más bien, de seguir escuchando a un grande del fútbol, nos despedimos de Paulo Futre. Ha sido una tarde larga, de esperas amenizadas con apasionantes partidas de futbolín en las que se colaban cánticos colchoneros. Con idas y venidas de un Paulo incansable que alternaba las entrevistas a todos los medios con las visitas al futbolín de Captain Morgan. Siempre con una sonrisa, siempre con un gesto amable. Llegamos a Panenka con la intención de entrevistar al ídolo. Nos vamos habiendo conocido a la persona. Grande, Futre. Paulo, Paulo, Futre.

 

Mónica de la Sierra y Laura Tirado

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