Hay partidos de fútbol que hacen afición, y hay partidos en los que hay que tener mucha afición para soportarlos y de eso últimamente sabemos mucho en Anoeta. De los seguidores de la Real Sociedad muchas veces se dice que somos fríos y animamos poco. No quiero entrar en debates de ese tipo pero lo que sí es verdad es que la afición de la Real es fiel y nunca deja solo al equipo. Cuando éste se encontraba en Segunda División, la gente acudía al campo tanto como en Primera. Esta temporada está siendo una de las más pobres en cuanto a juego. Las razones de este paupérrimo fútbol que no enamora han sido debatidas, criticadas, publicadas y discutidas miles de veces pero el hecho es que hay que tener una afición impresionante para soportar los aburridos partidos que estamos viendo esta temporada. Y cuando los puntos comenzaron a llegar al casillero y la afición olvidó el descenso y puso su punto de mira en la tan deseada séptima posición, el equipo pareció relajarse y no jugar a nada. Bueno, esa fue la imagen que dio el domingo pasado una Real que, una vez más, parecía no saber a qué jugaba.

Una tarde soporífera como pocas, con un viento sur que ayudaba al adormecimiento y cuando el aficionado cedía a la caída de los párpados, el árbitro pitó un penalti por una mano clarísima del defensa gallego en el área. Tener a Xabi Prieto en el once da, por lo menos, una tranquilidad pasmosa cuando hay que acercarse al punto de los once metros. Uno sabe que con el capi en sus filas, el penalti entra. Xabi Prieto es criticado por su pobre aportación al juego en proporción a la inmensa calidad de sus botas; pero cuando se trata de la máxima pena, el capi es casi infalible, 18 de 19 penaltis lanzados en Primera División han visto el fondo de la red. Crack.

Pero el Dépor empató en un penalti que se inventó el juez de línea tras pasar por alto un fuera de juego, pero nada sorprende ya viendo el nivel del arbitraje español, y Pérez Montero decidió pitar el penalti que nadie vio.

Y de repente, así, cuando menos lo esperábamos, Chory Castro decidió celebrar sus 100 partidos con la elástica txuriurdin firmando un golazo impresionante que se merecía los tres puntos del partido. Impresionante, colosal, portentoso, de dibujos animados, de la play station, la volea del uruguayo. Pero ya sabemos cómo funcionan las cosas en este puñetero país bipartidista: si ese gol lo hubieran firmado esos que ustedes saben, de esos equipos cuyos nombres estamos aburridos de escuchar, hubiera aparecido hasta en el Boletín Oficial del Estado. Ese gol merecía la clasificación automática del equipo para Europa. Pero no fue así.

Y la Real siguió paseándose por el campo, como si ya se encontrara de vacaciones y el aficionado siguió luchando contra la caída de los párpados y esperando y soñando con que el árbitro, pitara, no sólo el final del partido, sino también de la temporada. Sin embargo, el Dépor todavía tuvo tiempo de empatar un tedioso partido que acabó con la ilusión del aficionado que todavía, iluso, soñaba con volver a Europa.

Pues eso, golazo y ya; que apaguen las luces hasta la próxima temporada.

Sobre El Autor

Elisa Manterola

"Salir a ganar, negarse a perder" Thomas Rongen.

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