Casi 100.000 aficionados llenaron el templo azulgrana en el trepidante encuentro apodado clásico. Todo estaba listo para gozar de una de las noches más mágicas después de reyes. Los magos eran el Barça y el Real Madrid. Aunque no traían juguetes, aseguraban fútbol, pasión, diversión y adrenalina máxima. ¡No se puede pedir más!
Sangre culé VS sangre blanca, estampas espectaculares, nervios a flor de piel y un estadio con alma, todo preparado cinco minutos antes de que el esférico rodase.
El silencio invadió el Camp Nou, manos levantadas para poder representar en una cartulina un sentimiento. De pronto un himno cogía vida y resonaba fuerte y a capella emocionando a más de uno:

Blaugrana al vent
un crit valent
tenim un nom el sap tothom:
¡Barça, Barça, Baaarça!
Jugadors, seguidors
tots units fem força…

La canción, aunque estimulaba aún más el nerviosismo inicial del encuentro, no quería quitar protagonismo al mágico momento y menos ahogar la maravillosa estampa que  lucía el estadio barcelonés. Un Camp Nou vestido de gala y dispuesto a dejar boquiabierto al mundo entero. Tras la lágrima, la serenidad de pensar en su representación.

En la grada, las cartulinas simbolizaban una enorme camiseta con el número 12. Una cifra que cogía un increíble significado: la unión entre afición y jugadores. Este jugador número 12 tan vital y necesario para ganar como lo es un gol. Esa persona que aunque no pise el terreno de juego es tan esencial como lo es un contraataque o como el sonido del esférico al mandarlo al fondo de la red. Para un deporte como el fútbol, los protagonistas deben ser uno para lograr lo impensado. Solo así, se accede al triunfo.

La grada pidió vivir el fútbol con respeto, la única manera que el deporte rey tiene para coronarse como tal. Y es que señoras y señores, el respeto en el fútbol empieza en la grada, vestido de afición. Hoy ese respeto fue prácticamente total. Gritos de ánimo, mejillas rojas, camisetas sudadas, voz temblorosa y manos levantadas a ritmo de olas. Esa es la manera de ser un número 12, esa es la manera que se jugó lejos del terreno de juego.
Una vez Lahoz dio el silbato inicial, la mágica historia pisaba la realidad del terreno de juego. Una historia muy distinta, pero con final feliz para los culés.

Sobre El Autor

Mireia Morais

“No hay nada más peligroso que no arriesgarse.” Pep Guardiola.

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