Las cosas pasan. Las situaciones se suceden. Y también se olvidan, no hay que darles más vueltas. Lo del derbi canario del pasado fin de semana, pese a ello, sigue coleando. A nadie nos gusta saber que las situaciones de violencia (aunque sea verbal) se suceden en los campos de fútbol de nuestra geografía, y tampoco nos gusta que se repetitivo. El caso de lo que ocurrió el pasado domingo en el Estadio de Gran Canaria, sigue coleando.

La mañana del domingo 1 de marzo ambos conjuntos canarios, militantes en Liga Adelante, se vieron las caras una vez más. No se pensó en ningún momento, ni tan siquiera por error, que fuese a ser un partido sencillo, ni mucho menos relajado. Sabemos cómo va esto del fútbol, de los “odios” y de las rivalidades. La que existe entre el C.D. Tenerife y la U.D Las Palmas es de traca. Un empate que no nos saca de los puestos bajos de la tabla a los tinerfeños pero que supone un punto para seguir sumando. Lo malo es que haya sido precisamente frente a ellos, nuestro principal “enemigo”; no poder llevarse los 3 puntos supone un mal resultado pero duele aún más cuando es contra Las Palmas. Una cosa es que duela, otra que sea imposible de sobrellevar y que tengamos casi que matarnos entre nosotros al terminar el partido.

Justo en ese momento, y según parece, al terminar el encuentro, y con el pitido final, como es normal los jugadores se dirigen al túnel de vestuarios y es ahí donde se produce una tangana. Que no tuvo nada que ver con los jugadores según los respectivos entrenadores, que se sentían acorralados según algunos jugadores del Tenerife y demás explicaciones. ¿Saben una cosa? Lo más triste de todo es el simple hecho de que haya sucedido.

Como buena chicharrera se suponían que habría visto el encuentro y mi teléfono comenzó a llenarse de mensajes de amigos que me preguntaban si tenía idea de qué demonios había pasado en “MI” derbi. No me extrañó nada. Ni que se sorprendieran ni, lo que es peor, que eso sucediera. Cuando creces a la sombra de los derbis canarios te das cuenta que a veces el fútbol puede engendrar un odio casi estúpido. Solo ver un escudo, un color, enciende las iras más profundas y demuestra que el fútbol no es ese “solo fútbol” del que algunos hablan. Cosas mucho peores he escuchado y visto, salidas de un partido como el del otro día. Nada puede ya casi asustarme cuando se trata de nosotros. Las mejores y peores historias de los derbis se narran en cada una de nuestras islas. Pero son pasado. Tal y como comentaba ayer Aridane Santana, jugador del C.D Tenerife, en rueda de prensa, esto es pasado. Se acabó. Y tiene razón. Hay que pasar página, seguir luchando por mantenernos en la categoría y afrontar lo que queda el resto de la Liga sabiendo que un día empatamos frente a la U.D. Se acabó. Por mi parte, no haré más referencias a lo ocurrido y lo dejaré en que la pasión por unos colores en el campo de fútbol llevó a un encontronazo que ojalá no vuelva a repetirse.

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