Hoy vamos a hablar de valores.

Estaba yo viendo un Real Madrid-Las Palmas un miércoles por la noche (bendita liga entre semana), y allá por el minuto 55 presencié un acto tristemente muy repetido en nuestra Liga y en el fútbol en general. Curiosamente su protagonista es reincidente (y se nota en el perfeccionamiento de su actuación). Fue algo así: Estirada de cuerpo y brazos en el área y atajamiento de balón con ambas manos (lo que comúnmente conocemos como “palomita”). Hasta aquí todo normal, si nuestro protagonista fuese portero, claro. Pero no lo era. Y se pitó penalti. Insistimos, todo correcto.

Lo que no lo es tanto, a pesar de que a base de verlo repetido tantas veces nos hayamos acostumbrado, es el gesto que viene después de la infracción: Echarse las manos a la cara y retorcerse en el suelo con gestos de dolor como si nos hubiese impactado en ella. Es decir, fingir para intentar engañar al árbitro. Primero cometemos una infracción deteniendo un balón con las manos en el área, el árbitro (esta vez) nos ve y nos sanciona por ello y hace lo que tiene que hacer, pitar penalti. Pero nosotros, en vez de reconocer el error (lo hemos intentado pero nos han pillado) y punto; gesticulamos y protestamos airadamente insistiendo en que nos ha golpeado en la cara. Y aún más, nos encaramos con el linier y con el árbitro recriminándoles su error, pues el balón no nos ha dado en el brazo sino en la cara.  Mentimos aun a sabiendas de que todo el mundo sabe que lo hacemos. El árbitro, nuestros compañeros, los rivales, los aficionados que están en el campo, los periodistas que retransmiten el encuentro, los espectadores que lo siguen por radio y televisión… Y lo hacemos si pudor y sin vergüenza. Y lo que es peor, nadie se escandaliza por ello.

Sergio Ramos

Estos son los valores que rigen nuestro fútbol.

Porque aparte de jugar al fútbol, criticar a nuestros entrenadores y quejarse de los árbitros; engañarles (o intentarlo) también se ha convertido en deporte nacional.

Y lejos de sancionarlo, lo aplaudimos. Cuando son los nuestros quienes lo practican, claro. Cuando son los rivales quienes dan vueltas en el suelo fingiendo una agresión, cuando se tiran en el área contraria apenas se les acerca el defensa rival, cuando atajan balones con la mano, incluso cuando anotan con ella; ponemos el grito en el cielo y despotricamos enfrente del televisor apelando a la poca vergüenza de quienes llevan a cabo estas acciones. Pero cuando son los nuestros quienes las protagonizan nos sonreímos y aplaudimos la “picaresca española” (o mundial).

Busquets

Escribía mi compañera Lara Molina un artículo sobre Cristiano Ronaldo alabando su honradez . No se refería, sin embargo, a la honradez de sus actos en general, sino a ser honrado con uno mismo. Y es que ser honrado con uno mismo es importante y digno de encomio, pero también debería serlo el ser honrado con los demás, el ser honrado con los árbitros. Pero eso, claro, no gana partidos. Cristiano Ronaldo es el jugador que más goles mete de penalti, también es uno de los jugadores a quienes más penaltis hacen, ojo. Pero también es uno de los que más penaltis fingen, y de los que más protestan a los árbitros. Por todo.

Cristiano Ronaldo

Lógicamente no es el único, pero sus actos, al igual que los de otros jugadores que se encuentran entre los mejores del mundo, tienen más repercusión que los del resto. Es lo que tiene ser “rico, guapo y un gran jugador”, que todos están pendientes de lo que haces, sobre todo dentro del campo. Y entre ese público se encuentran miles, millones de niños de todo el mundo. Y es esa parte, la del ejemplo y los valores que a veces transmite el fútbol a los más pequeños, la que a menudo olvidamos.

La culpa, claro está, no es sólo de los jugadores que fingen o de los aficionados que aplauden, porque es evidente que estas acciones podrían evitarse. Si interesase.

Neymar

De vez en cuando surge el debate de la aplicación de la tecnología en el fútbol, pero es un debate que suele pasar sin pena ni gloria, del que se habla “bajito”. La tecnología podría erradicar este tipo de engaños. Se sancionaría a los jugadores mentirosos, se acabarían actuaciones teatrales bochornosas, se evitarían penaltis que no son y goles en fuera de juego. Infinidad de títulos cambiarían de dueño.

La pregunta es ¿a quién interesaría esto? A quienes dirigen este negocio que es el fútbol, claramente, no. Porque los ¨dueños” del fútbol no quieren que éste se parezca al rugby. Porque el fútbol vive de la polémica. Los programas deportivos tienen más audiencia y los periódicos se leen más cuando hay polémica. Las tertulias de los bares y los lunes en la oficina son mucho menos aburridos cuando hay polémica. Twitter echa humo cuando hay polémica. Este fútbol nuestro vende más cuando hay polémica.

Así pues, seguiremos viendo, partido tras partido, jugadores que dan tres vueltas de campana por el soplo del viento y otros que tras una entrada salvaje proclaman su inocencia, piscinazos al borde del área, muecas de dolor por golpes ficticios y balones que golpean en la mano pero lo han hecho en la cara.

Son los valores del fútbol.

Es la honradez de un deporte consigo mismo.

(Vídeo: Las simulaciones más exageradas de la Historia del fútbol.)

 https://www.youtube.com/watch?v=7tHf8hSRA_E&t=1s

 

Sobre El Autor

Mónica De la Sierra

"Las cosas no se imaginan. Suceden" Cholo Simeone.

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