“Ningún jugador es mejor que todos juntos”. Esta frase la dijo Don Alfredo Di Stéfano y yo la elegí como mi lema dentro del vestuario. Soy de las que creen que cuatro ojos ven más que dos y dos cerebros piensan mejor que uno. A menos que esté podrido, eso sí. El cerebro, las manos, los pies y el corazón del Real Madrid están pasando por un mal momento. Es un cuerpo que no funciona porque, cuando uno de los órganos falla, hacen que el resto de la máquina no vaya como debería. Por eso los cambios no son malos, no deben asustarnos.

Siempre he odiado la frase “más vale malo conocido que bueno por conocer”, ¿a qué clase de cobarde se le ocurrió? A veces se necesita un trasplante para seguir viviendo y no solo se consigue, sino que se vive mejor. Al conjunto merengue le hacen falta unos cuantos.

Creo que se debe estar agradecido a cada jugador que ha sudado la camiseta del Madrid, a cada técnico que ha intentado llevar al equipo a lo más alto y a cada presidente que ha procurado hacer la plantilla perfecta pero precisamente, con una plantilla como la que tiene, ni Ancelotti ni Florentino ni los propios jugadores pueden permitirse el lujo de dejar un año en blanco. Los vigentes campeones de Europa, a los que la maldición del título también les ha afectado, no pueden hacerle esto a su afición.

Y es que el Madrid tiene muchos más problemas de los que parece. Tal vez haya alguien que cree que está por encima de los demás ya sea por su veteranía, nombre o conocimiento del club. Y no importa que el que falle sea jugador, entrenador o presidente. A veces tú mismo te das cuenta de cuál es el problema y ni siquiera hace falta decirlo.

Que si De Gea merece defender la meta blanca, que si respeto para Iker, que si minutos para Keylor. Los abanderados del madridismo no se dan cuenta de que al Madrid le falla más de un órgano.

Bale juega por lo que ha costado”.

Isco se merece jugar más que los demás”.

Chicharito ya no es lo que era”.

“Ancelotti ha conseguido lo mismo que Tata Martino más una Champions”.

¿Y qué? Todo puede cambiar en un segundo. Los partidos duran más de 90 minutos, cada segundo es tan importante como el anterior y no se puede saber quién acabará siendo el héroe o el villano de la historia. No es cuestión de pensar en el presente, es cuestión de buscar dónde está el problema y cortarlo de raíz. Especialmente si es algo que a pesar de los esfuerzos no puede arreglarse.

Eso sí, nadie es mejor que todos los demás, y si el que hace que la máquina no funcione (porque, no amigo, no eres imprescindible) eres tú, vete.

Sobre El Autor

Antía André

"Ningún jugador es mejor que todos juntos". Alfredo Di Stéfano.

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