Llegó la quinta. La Champions es nuestra. Europa se rinde al mejor club del continente y ese es el FC Barcelona. Porque eso es lo que somos, los mejores. El equipo que ha conseguido alzarse con el triunfo y que no sólo gana sino que además hace historia, ese es el Barcelona de Luis Enrique. Ese es mi Barça. El que ha logrado un nuevo triplete, una nueva corona. El mismo que ha hecho historia porque NINGÚN OTRO EQUIPO DE EUROPA, (y lo digo así en mayúsculas para que quede claro), puede alardear de tener dos tripletes.

Con Berlín soñábamos hace meses, en esa ciudad alemana, como sucedió antes en Wembley, París, Roma, y de nuevo Wembley íbamos a cumplir un sueño, el de volver a acariciar a la “orejona“. ¡Qué digo acariciarla!, mimarla, levantarla, besarla, sobarla… la champions tiene nuevo dueño. Se hace complicado escribir estas líneas sin que las lágrimas llenen el teclado de gotas. Puede sonar exagerado, pero créanme, les digo la verdad. No soy una persona de lágrima floja, pero el Barça consigue desmantelar todos los mecanismos de mi cuerpo. No sé describir bien las sensaciones que para nosotros, los culés, despertaba este partido. La posibilidad de ser de nuevo los campeones, la opción del triplete y la ya definitiva despedida del maestro, Xavi Hernández. Demasiadas emociones para un sólo encuentro. La Juventus, la “Vecchia Signora“. El conjunto de Turín iba a ser finalmente el que nos disputase el triunfo, el que quería robarnos el triplete. El Olímpico de Berlín iba a ser el escenario. Dicen que los sueños están para cumplirlos y el nuestro lo hemos logrado.

Hacía días, semanas incluso, que por la cabeza de nosotros, los barcelonistas rondaba la idea “¿será este año?”, “tiene que ser este año”. Probablemente por la cabeza de jugadores y equipo técnico rondaba la misma. Ambos nos hemos salido con la nuestra. Porque ya está aquí. Ya está en nuestras manos. Porque hay equipos que juegan al fútbol, y luego estamos nosotros, que creamos fútbol, que tenemos otro toque, otro control, otra magia, otro carácter. Personalmente me daba igual el rival, solo sabía que la quería para mí, para mi equipo, a quién debiera arrebatársela me daba un poco igual. Mucho se especuló y habló del partido, muchos nos daban por favoritos, nos veían mejores (y con todos los respetos, es que lo somos), pero siempre hay que ir con pies de plomo. 90 Minutos nos separaban de la gloria, una que visitamos por quinta vez. 90 minutos que se convirtieron en casi unos 97, un 1-3 en el marcador que por momentos me/nos tuvo al borde del infarto.

Orgullo de campeones, eso es lo que siento, lo que siente un culé, ¿quieren saber por qué? Porque el triplete es nuestro, porque los mejores jugadores del mundo son nuestros, porque Berlín era un sueño y lo hemos conquistado, porque hemos hecho historia y porque somos los mejores, ¡ah! y una cosa más…porque nos lo merecemos. ¡VISCA EL BARÇA!

 

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