Real Madrid y Barcelona, culés y madridistas. Siempre a la gresca, siempre en continua pelea y en lucha por alzarse con el título de Liga. Siempre queriendo estar uno por encima del otro y aprovechando los errores del rival para escalar posiciones en la clasificación. Esta temporada, la 2014/15, está siendo de nuevo un toma y daca entre ambos equipos que vuelven a ser el principal estandarte de nuestra competición nacional. No podemos, ni quiero, desmerecer a otros conjuntos que en más de una ocasión están en la lucha por el primer puesto o que lo pueden ganar, pero seamos realistas, ahora mismo la principal lucha la tienen los merengues y los blaugranas. Es así, sin más.

Miremos la situación de hoy en día. El FC Barcelona le saca una diferencia mínima al Real Madrid, sería suficiente incluso llegar así a la última jornada de Liga y mantener esa pequeña renta para llevarse el título de Liga. Pero, ¿qué pasaría si en el último partido todo diera la vuelta? Podría suceder. Y no sería la primera vez. La historia lo demuestra y lo hace a favor de los culés. Y además pasó en mi isla, Tenerife. Más de uno sabrá ya de lo que le hablo. A veces no basta con tener 1 punto, 2 ni 3 de ventaja para asegurarte la consecución de la Liga, tu rival también juega.

Dos veces. Por si no fuera suficiente con una, tuvieron que ser dos las veces que el C.D. Tenerife despertase al Real Madrid, en la última jornada del campeonato de su letargo de felicidad como ‘casi’ campeón de Liga. Como siempre, el ser humano (y en el fútbol como ejemplo) pecando de creer que las cosas están conseguidas antes del pitido final.

Llegaba el 7 de junio del año 92 (temporada 91/92) cuando el conjunto blanco pisaba la isla con tan sólo la necesidad de mantener su ventaja sobre el Barça, de vencer al ‘Tete’. No pudo ser. No dejamos que así fuera. Los insulares vencieron con un partido que pasará al recuerdo de todos, sobre todo merengues, como el día que el Tenerife le quitó la primera liga al Madrid para dársela al Barcelona. Parecía que lo tenían sentenciado un 0-2 que daba la ventaja y el partido al Madrid, además de la Liga. No contaban con nosotros. Los goles de Hierro y Hogi daban la sensación, sin haber siquiera rozado el minuto 90, de que el Madrid ya era campeón. Comenzar a celebrar antes de tiempo…error garrafal. Quique Estebaránz primero, y Rocha (en propia puerta) luego empataban el encuentro y el Madrid se apuraba en el Heliodoro. En ese mismo momento el FC Barcelona ganaba al Athletic. La cosa se ponía cruda para los blancos y peor que les fue. El 3-2 llegó y lo hizo gracias a la rapidez de Pier. El Tenerife certificaba la permanencia y a miles de kilómetros el Barcelona festejaba su título de Liga. Mucho dio que hablar el tema, maletines, dinero de por medio…a mí me importa más otra cosa, sea con primas de por medio o no, ningún conjunto debe pensarse vencedor sin jugar el partido, eso es respeto al rival. El Madrid vino a Tenerife sabiéndose ganador y se llevó 3 goles y una liga…¡ah! No, perdón, la Liga no.

Para qué cambiar si la cosa va bien…el año siguiente la vida parecía darle una segunda oportunidad al conjunto capitalino para llevarse la Liga con una diferencia también mínima con el Barcelona. ¿Qué mejor escenario que el lugar donde habían perdido la anterior? El Heliodoro Rodríguez López volvía a ser su último escollo antes de levantar el título. Esta vez fue diferente, no se celebraba nada antes de tiempo, es más, había miedo a que se repitiese la historia, había respeto al equipo contra el que se enfrentaban. La polémica estuvo más en la calle, de nuevo por supuestos intentos de amaño, que en el césped. El Tenerife, con goles de Dertycia y Chano sentenciaron un 2-0 que hizo que las lágrimas de los madridistas regasen el césped del Heliodoro. La pesadilla volvió a repetirse. No se lo podían creer y a día de hoy recordarlo es motivo de orgullo para muchos y de enfado para otros tantos. Qué le vamos a hacer. Desde ese entonces las historias sobre maletines, pagos, amaños y una estrecha relación que durante años unió a tinerfeños y culés ha estado en el aire.

Pero la vida da muchas vueltas, las cosas cambian y para muestra un botón. Este domingo el Madrid se enfrenta de nuevo a su archienemigo, el FC Barcelona, ambos luchan por la primera plaza de la clasificación y la posibilidad de un futuro título. El Tenerife no tendrá nada que ver en ello. Su Liga es otra. La Segunda división española. Nada tendrá que ver esta vez en lo que suceda a final de la temporada, pero su historia es solo un ejemplo de que hasta el último pitido final no hay nada ganado. Que sirva de ejemplo para todos aquellos que consideran que aquél que gane el clásico tiene la Liga en el bolsillo.

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