Hablar de Lionel Messi sin caer en tópicos y repeticiones es una tarea complicada. Muy complicada. Es el mejor del mundo, lo sé y la mayoría de vosotros compartiréis mi opinión. Lo demuestra casi en cada partido y lo deja claro con cada actuación.

Esta semana el rosarino estuvo de cumpleaños. Y cuando digo de cumpleaños me refiero a que hace, nada más y nada menos, que 10 años desde su primer gol con la samarreta culé. A pase de Ronaldinho, inolvidable. Abrió la lata de una cuenta que aún no ve su fin. La lista de tantos que ha anotado Messi es enorme, de todos los colores. De todos los estilos. Un auténtico repertorio que no ve techo. ¿Dónde está su límite? La verdad, yo no lo sé y tampoco me lo planteo, solo quiero que esta época de fútbol que me ha tocado vivir con Messi como referente mundial acabe lo más tarde posible. Por el bien del fútbol en general y del Barça en particular.

Ver a Messi en estos 10 años ha sido como ver una evolución. A cámara rápida. Pasó de ser un desconocido a echarse al equipo a sus espaldas. De ser considerado un pequeño dictador a tener al mundo a sus pies (futbolísticamente hablando claro está), pasando de ser un niño con la ilusión de ser futbolista profesional a debutar con el primer equipo. Logrando un sueño, conquistar el fútbol de primera. Conquistando más de un corazón, de nosotros los culés y de territorio enemigo. Y no, no hablo de corazones blancos, hablo en general. Aunque ya que saco el tema me gustaría hacer hincapié en un pequeño detalle. Raúl González Blanco. Figura del madridismo y a quien reconozco admirar desde pequeña, pese a haber vestido prácticamente toda su vida como futbolista el escudo rival. A ver si sus palabras acerca del argentino ayudan a más de uno a ser un poco más objetivo. Volviendo al tema que me concierne, Messi, lo del pasado sábado no fue sino otra obra maestra. Otra sucesión de escenas en las que si no era protagonista, actuaba como actor secundario para dar mayor importancia a la jugada.

Si no golea, asiste. Si no ataca, (cada vez más) defiende. Si no tiene el balón, lo pelea. Si no hay otro modo, se echará él solo al conjunto a la espalda y levantará el juego del Barça cada vez que haga falta. Más de una vez se ha hablado de “Messidependencia“. No creo que esta exista. Lo que sí creo es, que con él todo cambia. Hace fácil lo que parece difícil o directamente imposible. No nos faltan jugadores que sepan anotar tantos en la portería rival, no nos faltan estrellas reconocidas en el mundo entero, no nos faltan cerebros capaces de dirigir el juego del Barcelona. Pero sin Messi todo es diferente. Luce distinto. Parece otro equipo. En el encuentro frente al Córdoba del otro día, ‘la pulga‘ metió dos goles. ¡Dos de ocho! Podrían parecer hasta pocos tratándose de quien hablamos, pero como dije antes, siempre está presente. Si no con goles, con la ayuda necesaria. Gracias Leo.

Único. Sensacional.Decisivo. Creativo. Talentoso. Y un sin fin de adjetivos que podríamos asociar al juego que este futbolista que llegó hace 10 años para anotar su primer gol (en primera) de vaselina con un escudo en el pecho: el del FC Barcelona. Un escudo que, por nuestro bien, espero que nunca deje de vestir. Ese día comenzó a forjarse una leyenda, la del mejor jugador del mundo. La de Leo Messi.

Sobre El Autor

Cris De León

"Malo no es soñar, malo es quedarse dormido y desperdiciar las oportunidades." Andrea Pirlo.

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