Se acabó. El primer culebrón del verano ha terminado mucho antes de lo que el público general se esperaba. Joseph Blatter se ha marchado de la FIFA apenas cuatro días después de ser reelegido como su presidente. Sospechas y más sospechas frente a uno de los estamentos más importantes del universo fútbol que, con esta dimisión tan repentina, no dejan de crecer. ¿Qué hay de cierto en las razones que el propio Blatter ha dado para marcharse? ¿Es la pérdida de confianza de sus compañeros lo que más le afecta? ¿Acaso no se ha inmutado con los rumores de corrupción que han comenzado a llenar las noticias? Porque sí, si aún no lo sabías, la corrupción también ha llegado (oficialmente) al fútbol. Todo, eso sí, bajo la presunción de inocencia. Todavía no se ha demostrado nada.

Cuanto menos el asunto de la elección del presidente de la FIFA ha sido raro. Hace unos meses el exfutbolista Luis Figo se presentaba como firme candidato a cambiar un sistema que olía a rancio. Blatter llevaba en el cargo desde 1998. El suizo había obtenido el pasado 29 de mayo su quinta reelección y todo parecía indicar que así iba a ser, hasta que este mismo martes saltaba la noticia a última hora de la tarde: dimisión. Pero esto no ha sido lo más extraño. Justo antes de que comenzasen a aflorar las informaciones por presunta corrupción en la FIFA, el ex-futbolista Luis Figo retiraba su candidatura para ser elegido presidente. Con su retirada, Blatter se enfrentaba a Ali Bin al-Hussein únicamente. Salió victorioso. Ahora con su marcha vuelven las incógnitas. Aunque todo apunta a que seguirá hasta que termine el año y se convoquen nuevas elecciones, las dudas sobre quién será su sucesor ya están sobre la mesa.

Los excandidatos se perfilan como posibles sucesores, aunque también se habla de que Blatter tenga ya a un elegido que continuaría con su línea de trabajo. El máximo organismo mundial del fútbol se queda por lo tanto un poco desangelado, con una presidencia destinada a morir y con un nuevo rumbo que llegará, si las cuentan no fallan, en 2016. Eso sí, su marcha no podía ser de otra manera. Conocido por sus formas polémicas, tenía que morir matando. Crítico con todo y todos, veremos si pasada la transición, el suizo no sigue vinculado al mundo del fútbol, lo que más le apasiona en  su vida. Eso sí, se acabaron sus polémicas desde la presidencia que tanto han dado que hablar a lo largo de los años. No Blatter, no party.

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