Lo cantó Eva Perón, Argentina no merecía llorar, tampoco ahora. Quizás alguna lagrimilla podría soltar y es que sería lógico. No está jugando tan mal como para los resultados que está obteniendo. Habrá quien no comparta mi idea, quien crea que se lo merece, y quien tenga en mente que ojalá los de la albiceleste vuelvan a pinchar, pero no sería justo. A base de pocos puntos, a base de pocos goles, pero con una plantilla entregada y que necesita, como su afición, de este triunfo, de este título.

Argentina cuenta con una necesidad imperiosa de victoria. Un sentimiento, el vinculado al fútbol, que hace que un país lata en un mismo ritmo cardíaco, el que une a los argentinos con su selección. Los pibes de Martino están preparados para luchar en esta nueva semifinal, están listos para dar el máximo, están listos para gritar que Argentina no llore, y que si lo hace sea de alegría. Y que lo haga el día 4, en la final

El sufrimiento por el que está pasando la afición de este país va debiéndoles ya una considerable alegría. No es necesario tanto ahogo para unos jugadores que año tras año, partido tras partido, mejoran considerablemente sus aspiraciones a títulos y que siempre se quedan a las puertas. Esta vez no.  Cuando uno es superior en el juego, cuando uno es el que intenta siempre imponer su juego, uno merece llevarse un premio. Una victoria. Está faltando eficacia, eso es lo que necesita la selección. Y ojalá la recuperen frente a Paraguay y de cara a plantarse en la final del día 4.

Rescatar lo mejor de cada partido, hacerlo posible una vez más. Evitar que Argentina vuelva a derramar una lágrima de la mano de Messi, Agüero, Tévez…Evitar que Argentina vuelva a quedarse a las puertas.  Argentina no volverá a llorar, y si lo hace, que sea para celebrar un triunfo.

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