Vivo en Madrid pero soy carbayona y oviedista y esas dos virtudes son, más que adjetivos circunstanciales, un estilo de vida. Ya lo dice la canción… “ser del Real Oviedo es mi forma de vivir”. El domingo hice 500 km porque como leí hace tiempo a un compañero de decepciones, “tengo la bendita desgracia de ser del Real Oviedo”. Y así pago mi condena. Pero éste no fue uno de esos días feos en los que en el campo hay poco fútbol y mucho frío. Éste no fue un domingo cualquiera –como tampoco lo será el próximo-.

Quise estar allí para apoyar a mi equipo, a mi club y a mi ciudad en uno de los días más importantes de su reciente historia. No magnifico, Oviedo tiene 226.000 habitantes y el domingo en el Tartiere éramos 30.000 pero fuera de él esa cifra se triplicaba, fácil, de seguidores pendientes de la radio o la televisión que vibraron con el gol de Cervero. No presumo de fiel aficionada, ni mucho menos sacrificada. Me río yo, y todos, de los kilómetros que separan Madrid – Oviedo en comparación a lo que supone un viaje Oviedo – Cádiz (y al revés, que un gran número de gaditanos se desplazó con su equipo para que no estuviera solo), o de los kilómetros que hay entre Caravaca y Oviedo, o Albacete y Oviedo.

La mayoría de los lectores de ElVestuario.es no os pararéis a leer un artículo de opinión escrito por una completa desconocida que trata sobre un equipo de segunda B. A todos esos, si aún estuvierais leyendo, sólo os puedo decir una cosa: no tratéis de entenderlo. El Oviedo no es un equipo más de segunda B, es un histórico del fútbol español que como toda Sociedad Anónima si es mal gestionado corre el riesgo de desaparecer. Y a punto estuvimos. Nos descendieron a tercera división y allí ninguno de nosotros abandonó al Real Oviedo. Nos quisieron crear un club a la carta, bajo previo pedido, como esos niños que se encargan con ojos azules y mayor capacidad intelectual que la que demuestran sus padres al encargarlos. Y no cedimos a las presiones.

Ahora, DOCE años después de aquel calvario, y tras repetidas ampliaciones de capital en las que la ciudad, la región y el mundo entero se han volcado por mantener con vida a “esti muertu” vivimos nuestro momento más dulce de la última década. Y ni los kilómetros, ni el gol de Jona para irnos al descanso cabizbajos, ni el infierno en el que serán recibidos nuestros jugadores en su llegada al Carranza podrán quitarnos la ilusión. Porque pase lo que pase el domingo en Cádiz no va a cambiar nada. El Oviedo seguirá en una categoría que no le corresponde -aunque puede empezar a acariciarla- y la afición tendremos que seguir resucitándolo a cada poco, y nos quejaremos, invertiremos nuestro dinero aún a sabiendas de que no obtendremos retorno económico alguno, pero lo haremos. Y lo haremos una y mil veces, y llenaremos el estadio en Segunda, en Segunda B y hasta en Tercera como ya lo hicimos. Porque SOMOS DEL OVIEDO. NO TRATES DE ENTENDERLO.

2 Respuestas

  1. Alberto

    Susana, estás completamente equivocada.
    El Cádiz no prohibió el acceso al Estadio a
    los 150 ovetenses. Fue la policía porque
    esos forofos estarían mezclados con los gaditanos
    y en partidos de alto riesgo eso está prohibido.
    Fue lamentable pero no acuses sin saber.

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    • El Vestuario
      El Vestuario

      Le transmitimos tu mensaje a Susana, aunque el dato que das no se incluye en su artículo para esta web. Gracias.

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