Oblak fue, sin duda, el fichaje estrella del verano para el Atlético de Madrid. 16 millones de euros para un joven portero esloveno que venía con una misión muy clara: sustituir a uno de los mejores guardametas del actual panorama futbolístico. Es mala suerte llegar a un equipo en el que tu predecesor, en este caso el belga Thibaut Courtois, ha significado tanto sobre el terreno de juego. Porque aunque el fútbol a veces no tiene memoria y se olvidan pronto las gestas más relevantes, el hoy cancerbero del Chelsea fue fundamental en muchos partidos del Atleti durante su estancia en la orilla del Manzanares.

Su marcha dejó grandes dudas en el club y la afición, pero el fichaje de Oblak pretendía calmarlas. Eso sí, el precio había sido elevado. Lo malo de esas situaciones, para el propio jugador, es que tienes que demostrar por qué te han fichado con una inmediatez que roza lo obsesivo. Jan no tuvo suerte. Una lesión durante la pretemporada dejó a Miguel Ángel Moyá en la portería rojiblanca y una nefasta actuación suya ante el Olympiacos terminó de sentenciar su destino. Quedó relegado a partidos en apariencia sencillos, donde su papel no tuviera que ser, a priori, relevante. Aún así, el joven de 22 años no se desanimó y siguió trabajando a la espera de su oportunidad. Llegó, caprichos del destino, cuando en el choque de Copa del Rey ante el Real Madrid, Simeone le colocó bajo palos. Demostró entonces que lo de Atenas había sido un simple error y que, si el Cholo quería, podría jugar todo.

Sin embargo, Miguel Ángel Moyá seguía siendo el titular. Sus actuaciones, correctas, le habían dado un puesto merecido. Hasta que llegó la lesión. Moyá tenía que abandonar el partido ante el Leverkusen al poco de empezar, con el Atlético jugándoselo todo. Sin apenas calentar, Oblak saltó al campo y firmó, con todos los ojos puestos en él, una actuación sobresaliente que despejó todas las dudas posibles. La afición ya le quiere. Ante la Real Sociedad, con un resultado que llamaba a la calma, el estadio entero coreaba su nombre cada vez que tenía que sacar un balón desde la portería. El Calderón está en sus bolsillos y por él pasan muchas esperanzas para los próximos días.

El reto de Oblak, y de todo el equipo, es complicado. Tras enfrentarse al Dépor este fin de semana, el miércoles se jugará la particular “final” madrileña de Champions League. Las estadísticas no son buenas para los colchoneros. Con ese mismo resultado, el Real Madrid ha pasado de ronda en la eliminatoria siete de ocho veces. Pero este Atleti, el que se dejó arrollar el martes sobre el campo en la primera mitad, no entiende ya de porcentajes. Oblak tiene una clara misión: mantener a cero la portería para dar tranquilidad a sus diez compañeros sobre el campo. Partido a partido y a por todas. La emoción está servida. Ya lo dijo el Cholo: si se cree y se trabaja, se puede.

Sobre El Autor

Laura Tirado

"Conseguir nuestro sueño pasa por ser valientes." Jürgen Klopp.

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