La Unión Deportiva Las Palmas volverá a jugar otra final de la fase de ascenso a Primera División, aunque habrá que ver si consigue ahuyentar los fantasmas de la que jugó hace tan sólo un año ante el Córdoba.

De lo que no se libran los canarios es del sufrimiento hasta el último minuto. Aunque cuando has tenido el corazón en un puño durante todo el partido, el alivio al escuchar el pitido final es inmensamente mayor. Eso no se puede negar.

Llegaban Valladolid y Las Palmas al segundo partido del playoff con un empate que favorecía a los de Paco Herrera por el doble valor de los goles fuera de casa, hecho que acabaría siendo determinante en una eliminatoria de tablas. Los locales, sin embargo, salieron a ganar en un estadio de Gran Canaria que se había vestido de gala para la ocasión; pero los fallos de cara a portería (especialmente de Araujo) y la gran actuación de Javi Varas, hicieron que el gol se resistiera y el pase a la final peligrara.

El Valladolid acabó el partido con nueve y Araujo erró un penalti en el minuto noventa, pero la Unión Deportiva estaba destinada a pasar y el empate a uno cosechado en Zorrilla daba por bueno el 0-0.

Las Palmas se enfrentará el próximo miércoles, en el partido de ida, al vencedor de la eliminatoria entre Girona y Zaragoza, partido que se disputa esta tarde y en el que los catalanes parten con la ventaja del 0-3 en La Romareda.

Los canarios vuelven a soñar con Primera pero, esta vez, con los pies en el suelo, alejando fantasmas y, a buen seguro, concentrados hasta el pitido final.

 

 

 

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