La eliminatoria de la agonía, la de tener a más de uno al borde del infarto, la del Sevilla y el Zenit.¡Gol! Ese grito que debió de retumbar en todas las casetas de la Feria, en toda Sevilla y en casa de los sevillistas. Esos gritos que no se controlan, que se viven. Una emoción que no puede controlarse, un sentimiento, el sevillista, que una vez más sabe lo que es saborear un triunfo. Un Gol, el de Gameiro, el que puso el 2-2, que supuso la clasificación del Sevilla FC para las semifinales de UEFA Europa League . Un gol que se cantó y se gritó como si el título ya fuera suyo.

El conjunto de Unai Emery llegó a Rusia con una pequeña ventaja. Tan pequeña que llegó a verse fuera tras la remontada del Zenit. Empezó ganando con un gol (de penalti) anotado por Bacca, que suponía el 0-1. Las cosas cambiarían, mucho, y el Sevilla se vería con un 2-1 en el marcador. Estaba en prórroga, y quién sabe si fuera de la competición. Pero ya lo he dicho más de una vez, con este equipo el partido no termina hasta que no llega el pitido final. Cuando los rusos más apretaban, cuando la cosa se había puesto más cuesta arriba, cuando los corazones estaban al borde del infarto llegó el gol. El tanto de Gameiro que ponía al Sevilla, de nuevo, en semis. El mismo gol que ponía al borde de un ataque de nervios a media Sevilla y que da la opción al conjunto de Nervión de volver a coronar Europa.

Ser los reyes. Dominar la competición. Volver a disputar unas semifinales. Poder ganarlas. El Sevilla puede. Puede y lo va a intentar por todos los medios, no les basta con clasificarse, ahora quedan dos partidos por delante para disputar la final. Otra final. Un grande de Europa que a veces puede parecernos pequeño en comparación con aquellos clubes de nuestra liga que ocupan las primeras posiciones. Quizás a veces algunos de esos grandes clubes deberían aprender un poco más de estos, nuestros pequeños grandes conjuntos, como el Sevilla. Sin el mismo poderío económico, pero con las mismas ganas de comerse el mundo, y puede que hasta con más empeño. Al menos eso demuestra en cada partido que disputa. Con el escudo del Sevillismo no se juega. Con su sentimiento y su pasión tampoco. El equipo de la ciudad hispalense dominó durante los primeros 45 minutos el Petrovsky Stadium. No era suficiente. Tenían que dominar otros 45 y no pudieron. No lo permitió su rival. Aún así, la confianza y el trabajo dieron sus frutos. Se tiró de casta, de épica, y a falta de unos minutos para terminar el encuentro llegó la recompensa. El pase. La fiesta. La euforia. La celebración. La felicidad. La enhorabuena al club.

El Sevilla no pierde, y cuando digo que no pierde me refiero a que no pierde la esperanza de repetir triunfo y estará hoy en el sorteo para los cruces de semifinales. No pierde tampoco la oportunidad de demostrar por qué es el actual campeón. No pierde la intención de, como digo siempre, hacer que la Giralda se sienta orgullosa.  Aún nos faltan algunos encuentros,  aún queda trabajo, para eso está más que preparado este equipo. Este pequeño gran conjunto llamado Sevilla FC.

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