Cinco meses de la apertura de aquella pensión que tantos quebraderos de cabeza le dio a mi madre. La noche anterior no había podido dormir; había conseguido el sueño del emigrante por mi talante y mi buen francés, aunque en el fondo sabía que era mi aptitud lo que había hecho confiar en mí a aquella empresa que todos llamaban el futuro. Pero mi cabeza no daba rienda suelta, eran muchos los meses que habíamos pasado fuera de España y ahora la pensión estaba llena de compatriotas que no eran los típicos clientes habituales, estos venían con billete de ida y vuelta, no para quedarse a buscar fortuna en aquel país lluvioso.

La tarde siguiente tras mi primer día de trabajo llegué a la recepción para hacer el relevo a mi incansable madre, la pensión estaba vacía, todos estaban en aquel estadio. Yo me disponía a enchufar la radio, por nada del mundo me perdería aquel partido y justo apareció el que sería para el resto de mi vida, mi gran y eterno amigo Paco. Su hermano no había llegado a tiempo a Bruselas y le sobraba una entrada. No lo dudé, tenía que dejar cerrada la pensión por unas horas, pero nadie se daría cuenta, todos estaban en el mismo sitio que yo y mi madre nunca se enteraría. Esa noche fue el primer día de mi vida.

Tercera Copa de Europa del Real Madrid, 28 de Mayo de 1958. (Estadio de Heysel Bruselas)

Sobre El Autor

Lara Molina

“La camiseta del Real Madrid es blanca, se puede manchar de barro, sudor y hasta de sangre, pero nunca de vergüenza.” Santiago Bernabéu.

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