Y llegó el derbi y una vez más tuvo color txuriurdin. Los derbis son especiales y se viven de una manera intensa por mucho que digan los rojiblancos que para ellos son “solo” tres puntos más… pero bueno, ellos son así; ese “carácter” suyo de altanería y prepotencia tan característico les lleva a resumir todo un derbi en meramente tres puntos. De risa.
No es la primera vez que cuando la Real juega en San Mamés los partidos allí se convierten en historias para no dormir. Y esta vez volvió a suceder: el árbitro, Martínez Munuera, no sólo pitó un penalti polémico y dudoso, sino que decidió mandar a Mikel González a las duchas en el minuto 50 de partido, mostrando una tarjeta roja que nadie entendía. Y es que no es la primera vez que la Real tiene que “sufrir” decisiones de este tipo pero ni así consiguieron doblegarnos los del otro lado de la A8. Y así el Athletic recibió su regalo de derbi una vez más. Por supuesto que Adúriz no desaprovechó la ocasión para poner por delante al equipo rojiblanco.

Antes de la ofrenda arbitral, la Real había completado una excelente primera parte jugando con una intensidad que los aficionados realistas reclamaban una y otra vez. El mismo día del encuentro, Mikel Recalde, periodista de Noticias de Gipuzkoa, en su magnífica columna que escribe cada día de partido A por Ellos, demandaba esa “obligación” que tenían los jugadores con los aficionados después de la triste temporada que estamos sufriendo A por ellos: En el nombre de la afición. Excelentes en defensa, muy ordenados con Iñigo Martínez en plan mariscal y demostrando que es el mejor defensa central; y con un centro de campo impecable con Zurutuza y Pardo realizando un trabajo memorable recorriendo muchísimos kilómetros. La Real controlaba el juego del Athletic que en la primera parte solamente inquietó una vez al meta de la Real que realizó una gran parada a un cabezazo de Adúriz. Por cierto, excelente delantero centro pero que no duda en utilizar todas las armas, legales e ilegales, en su lucha por conseguir rematar a puerta.

Tras la consecución del penalti y la Real con diez jugadores, el Athletic cogió la batuta del partido pero fue incapaz de molestar al portero Rulli. Su única táctica se resumía en intentar centrar balones al área pero los blanquiazules se pusieron el buzo de trabajo y se negaron a que una decisión arbitral vergonzosa les robara el fruto de un partido bien planteado y perfectamente ejecutado. Y el esfuerzo, orgullo e intensidad les lideró a conseguir el empate con un golazo del lateral De la Bella tras un pase delicatessen con el label de calidad “Pardo”. A partir de aquí, cambió el dibujo en el campo con una Real que defendía con garras su portería y un Athletic que, aunque lo intentaba de todas las formas (incluido un piscinazo marca Adúriz) y lados posibles, no conseguía poner en peligro la portería de la Real. El Athletic se desesperaba en el césped viendo que era incapaz de ganar a un equipo que jugaba con 10 jugadores desde los primeros minutos de la segunda mitad. La Real conseguía mantener el resultado tras un gran derroche de esfuerzo físico, orgullo y casta, desesperando a jugadores contrarios y a la “majestuosa” y “gran” afición del Athletic que abandonaba el campo sin poder lograr “sus” tres puntos.

A pesar de jugar 10 contra 12 la Real fue capaz de sacar un punto del campo bilbaíno ante la impotencia de un Athletic que se quedó sin premio a pesar del regalo.

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