Balaídos era el escenario y el Celta de Vigo el actor que acompañaba sobre el césped al FC Barcelona. Todo hacía presagiar que los culés íbamos a disfrutar con un partido de esos que se antojan difíciles, pero no me esperaba yo que sufriéramos tanto en tierras gallegas. La primera parte, yo personalmente, lo pasé mal, bastante mal. Parece ser que nos tienen tomada la medida, los conjuntos saben plantarnos cara y a nosotros nos cuesta mucho más de lo deseado, y esperado, resolver ciertas situaciones. No siempre se puede salir jugando, no siempre se puede recurrir al toque de balón y tampoco es necesario olvidarse de las jugadas a balón parado. Hagamos una nueva lista o modifiquemos ese código de estilo que hemos creado, incluyamos todo esto en nuestro juego y aprovechemos la bendita jugada de estrategia, que últimamente se porta muy bien con nosotros los blaugranas.

Dicen que hay que aprender a sufrir, ¡pero vaya si cuesta!. Llegamos a la cita con la presión añadida de saber lo que había hecho el Real Madrid esa misma mañana. Llegamos sacándole una ventaja de 4 puntos, y nos fuimos con la misma diferencia. Nos llevamos, tras muchos sudores, 3 puntos que nos saben un poco más a gloria. Lo que nos queda por delante es algo más similar a un posible infierno. No fue nuestro mejor encuentro pero de nuevo salen a relucir nombres que en otras circunstancias podrían pasar desapercibidos. Xavi y Mathieu fueron los hombres clave.

Estaba todo tan igualado que necesitábamos de alguna manera dar el zarpazo definitivo, demostrar que habíamos ido a por la victoria y que no nos volveríamos a casa sin ella. Madre mía, cómo nos costó. A balón parado. Nada de jugada elaboradísima, destellos de calidad, ni toque-toque-toque, un saque de esquina, una falta, una jugada ensayada, esa es la clave. ¡Santa jugada de estrategia!. Gol. 0-1. Suficiente para llevarnos el partido. Mathieu volvió a adelantarnos dando  un cabezazo que nos servía para estallar de alegría, eso sí, cuando nos dimos cuenta. Yo no sé si a alguien más le pasó, pero a mí me costó bastante reaccionar, el golpeo fue tan justo a la escuadra que hasta que no vi al jugador festejarlo no sabía a ciencia cierta qué había pasado. Me sentí hasta mal por no haberlo celebrado, casi se podría decir que me pilló desprevenida. Lo que no me cogió tan de sorpresa fue el cambio que dio el club desde que sobre el terreno de juego se posicionó Xavi Hernández. Sí, lo sé y lo reconozco, soy una fan incondicional, una enfermiza de su fútbol y le vanaglorio allá por donde pase, pero no puede negarse que así fue. Desde que sus botas tocaron el césped, el conjunto cambió. Su actuación como cerebro del equipo, ordenando desde el centro del campo, dirigiendo…¡cómo juega este tío!

No fue un partido de esos que nos gusta ver. No dimos el espectáculo que como el conjunto que somos, se nos presupone. Tampoco hicimos nada renombrable pues la verdad con pocos aciertos, y sin demasiados tiros a puerta mucho más no podíamos hacer. Pero hemos descubierto de nuevo que las jugadas a balón parado, la estrategia, puede convertirse en una nueva aliada. Y no es la primera vez, ya sucedió con el mismo protagonista ante el Real Madrid. Asi que, pese a que muchos no lo consideren “nuestro estilo“, habría que darle una oportunidad. Al final, lo que cuenta es el gol ¿no?.

Porque juegue como juegue, gane como gane, y haga lo que haga, mi premisa no cambia ¡Visca el Barça!

Sobre El Autor

Cris De León

"Malo no es soñar, malo es quedarse dormido y desperdiciar las oportunidades." Andrea Pirlo.

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