La depresión. Ese gran enemigo que derrota al más poderoso y del que nadie puede librarse. Puedes pensar que se trata de una enfermedad que solo ataca a aquellos con problemas o de carácter más débil, pero la realidad está muy lejos de ser así. No mide, no se controla y no hay manera de superarlo sin ayuda. Robert Enke ha sido posiblemente el futbolista con depresión del que más se habló. Es más, puede que fuese el único que confesase a sus seres queridos que necesitaba ayuda. Lo cierto es que el 10 de noviembre de 2009, el cancerbero alemán terminó con su vida en un giro del destino que sorprendió a todos aquellos que le conocían.

En el nivel de depresión en el que se encontraba Robert, no existe ni la empatía, ni la posibilidad de salvación. Padecen un temor constante y la idea del suicidio adquiere una nueva dimensión. Para Enke fue una salvación. Determinar que se quitaría la vida hizo que la paz llegase a él. No tuvo una vida sencilla. Tuvo que ver morir a su hija. Pero las cosas no comenzaron allí. Robert lo tuvo todo y no fue capaz de vencer su eterno miedo al fracaso. Aquello le atrapó en un oscuro camino del que, desafortunadamente, no logró salir. Para él la única solución posible fue arrojarse a las vías del tren.

Enke tenía todo al alcance de su mano cuando murió. Estaba de nuevo triunfando en el fútbol, como portero del Hannover 96 en la Bundesliga, y llevaba todas las de ganar para ser el arquero elegido para cuidar la portería alemana en el Mundial de Sudáfrica. Era feliz junto a su mujer, de nuevo en Alemania. Los problemas vividos durante su etapa en el Barcelona, cuando un mal partido frente al Novelda le sentenció, ya eran parte del olvido. Sus visitas al médico por los problemas que le acarreaba su estado depresivo eran espaciadas. Apenas necesitaba ya razones para vivir, vivir era la razón.

Los futbolistas tienen la torpe idea de que tienen que ocultar sus debilidades. De que en su papel de ídolos, han de estar por encima de la enfermedad, en un plano diferente al del resto de la humanidad. Dejan de ser personas para ser algo artificial. Enke fue un ejemplo del profesional que considera que nunca ha de mostrarse frágil. Pero su realidad era muy distinta. Su familia, sus amigos… pasaron momentos muy duros para luchar contra una enfermedad que no debían dejar que saliera a la luz.

Este año el Hannover realizó  un partido benéfico cuya recaudación fue destinada a la Fundación Enke. Esta organización pretende ayudar a aquellos que sufren la misma enfermedad que el portero y, en honor a su hija fallecida y por petición expresa de su viuda, a los niños que padecen problemas de corazón. Al menos con su muerte se ha logrado concienciar a la gente de que la depresión existe y, aunque silenciosa, es tremendamente peligrosa.

Ya han pasado seis años. Robert murió en aquel 2009 y con él sigue muerta la esperanza de que algún día los futbolistas decidan sentirse humanos. Nosotros no se lo permitimos y, por ilógico que pueda parecer, ellos no se consideran con derecho a hacerlo. Siempre una sonrisa. Al fin y al cabo, ¿qué problema puede tener alguien que cobra millones? Y luego decimos que son ellos los que no son humanos.

Sobre El Autor

Laura Tirado

"Conseguir nuestro sueño pasa por ser valientes." Jürgen Klopp.

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