Tenemos que hablar. Y esta vez va en serio. Esto no puede seguir así. Ya no puedo más. Estoy harta y lo que es peor, triste, dolida y engañada. Tus explicaciones, excusas y mentiras ya no me sirven. Alguien tiene que dar un manotazo en la mesa para cambiar el rumbo.

Tenemos que hablar. Ya está bien de hacerme creer, una y otra vez, que tenemos una gran plantilla. Fichajes y jugadores que cobran unos sueldos a nivel de campeón de Champions pero que rinden a nivel de segunda. Diamantes en el vestuario, bisutería en el campo.

Tenemos que hablar. Jugadores que reconocen salir sin tensión al campo, que entran al partido dormidos. Jugadores que son capaces de dejarnos a los aficionados con la tristeza y la vergüenza en el cuerpo. Jugadores que hoy nos dan una alegría pero que nos dejan con la miel en los labios a las primeras de cambio. Jugadores que no demuestran un respeto a la camiseta y al escudo.

Tenemos que hablar de esos partidos que se pierden antes de saltar al césped; esos encuentros en los que empezamos perdiendo por dos goles en el minuto 0: Atlético de Madrid, Celta ( sin ir más lejos) o los partidos de Copa. Alineaciones que muestran que los tres puntos no importan o que se echa una competición a la basura. Aquel partido contra Las Palmas entre semana, al que acudí con un dolor cervical y lumbar y dopada hasta los dientes para volver a casa con un dolor en el alma que no había morfina que lo calmara.

Tenemos que hablar del dinero gastado en la compra de jugadores que no dan resultado en el campo. Dinero malgastado en activos que se vuelven pasivos; fichajes que prometían pero no cumplen.

Tenemos que hablar. Jugadores cedidos a otros equipos o jugadores a los que se les facilita la salida del equipo sin compensación económica. Regalamos jugadores pero sin buscar sustituto. Claro, ¡nos sobran efectivos! Y todo ello a pesar de las lesiones.

Tenemos que hablar de esas lesiones que se envuelven en un halo misterioso e incluso tenebroso. Lesiones de carácter leve que siguen una evolución totalmente negativa pero de las que desconocemos sus causas y solo sufrimos sus consecuencias.

Tenemos que hablar de las salidas nocturnas escondidas pero públicas, perdonadas y olvidadas; conocidas por casi todos pero tapadas y silenciadas.

Tenemos que hablar de las sanciones- no sanciones, y de los castigos de seda y terciopelo a los que se añade suavizante con aroma de spa y brazalete de capitán.

Tenemos de hablar de los regalos con lazo de raso a los socios en formato de “pasen por caja” que castiga a esos que a pesar de horarios, resultados, juego y burlas, siguen siendo el activo más importante del club.

Tenemos que hablar de acabar la temporada, una vez más, antes de jugar todas las jornadas. De hacernos soñar para luego despertarnos en una pesadilla. De vendernos el milagro de un entrenador y de otro; la magia de este jugador y de aquel para acabar una vez más conformándonos con ser mediocres y con hacernos creer que la permanencia a estas alturas es un buen regalo.

Tenemos que hablar del director deportivo, de ese que temporada a temporada, fichaje a fichaje, gestión tras gestión, viendo en lo que ha convertido este equipo, falla y vuelve a fallar. Ese director deportivo que ha sumido al equipo en un grupo sin ilusión, triste y ramplón; de un director deportivo que, pese a los fracasos, sigue sentado en la poltrona como si la historia no fuera con él.

Tenemos que hablar porque no es justo que yo organice mis vacaciones mirando tu calendario o que mi agenda diga que no a una cena de amigos porque tenga una cita contigo pero tú me desquicies con tu actitud pasiva, tu juego triste y tus pocas ganas de complacerme.

Tenemos que hablar porque ya no sé en qué te has convertido, porque después de cuarenta años juntos no te conozco. Porque cada vez que acudo a la cita, vuelvo a casa fría, triste y desolada. Quiero que vuelvas a ser el de antes, el que me emocionaba y me hacía vibrar; aquel equipo del que, aunque perdiera, me sentía orgullosa; aquel equipo cuyos encuentros anhelaba. ¿Dónde está?

Tenemos que hablar porque necesito volver a disfrutar, sentir, vibrar y emocionarme.

Sobre El Autor

Elisa Manterola

"Salir a ganar, negarse a perder" Thomas Rongen.

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