Para que se genere la tormenta tiene que calentar el sol. Y ha calentado, y mucho.

Empieza a caer. El fútbol femenino se levanta. Corre bajo la lluvia. Quiere cerrar paraguas y empapar a todos los que algún día han presenciado un partido, han gritado a su equipo o al rival, han luchado por el progreso de un deporte practicado por más de 30.000 mujeres en España. Calar a todos los que no han cerrado sus ojos, ni sus puertas. Pedir a gritos variaciones. Bailar hasta que salga el sol.

Todo se ha precipitado de una forma abrupta. Nublados los cielos en el Mundial, estamos en momento de temperaturas significativamente altas. Momento en que nadie calla. Momento de reclamar a los que han osado robar el tiempo.

La evolución es de grado, tanto que ha alcanzado niveles históricos. Primera clasificación para un Mundial, futbolistas españolas jugando en el extranjero, triunfos y títulos en categorías inferiores, crecimiento del nivel de competición… el termómetro aumenta, hay oleadas de calor.

Madurar continuamente a la sombra para instituciones y dirigentes no permite a las flores crecer. Genera inestabilidad climática. Y las niñas que sueñan, que esperan y necesitan de este deporte, ellas, no lo merecen.

Por ellas nos mojamos. Para que los cielos estén prácticamente despejados. Para que esto no acabe siendo una simple tormenta de verano. Momento de ilusión. Ganas de sentir algo de calidez. Tiempo de cambio, nuevo ciclo. Abramos claros tras la tormenta, se auguran tiempos mejores.

#nosois23somostodoelfutfem

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