“Cuando Las Palmas bajó a segunda rompí el abono y juré por mi abuelo que nunca más volvía a ir al estadio. Y no he vuelto a ir. Veo todos los partidos de la Unión Deportiva Las Palmas por televisión pero no he vuelto a pisar el estadio porque lo juré y es sagrado”. Así de tajante se muestra Javier cuando habla del equipo de sus amores, es conductor de un taxi en Las Palmas de Gran Canaria y me lleva a las afueras de ciudad, a un campo de fútbol escondido entre laderas.

Barranco Seco

Subiendo a Barranco Seco, campo de entrenamiento de Las Palmas.

Es jueves por la mañana, tres días antes del partido por el liderato de la Liga Adelante, y nos dirigimos a Barranco Seco, lugar de entrenamiento de la U.D.Las Palmas.

Al llegar (el último tramo por un camino de tierra) me sorprende la cantidad de coches que hay. Es un día laborable, son las 10 de la mañana y el lugar no está precisamente en el centro de la ciudad; pero los aficionados van llegando y se reparten entre los asientos azules o se quedan de pie. Hay hombres, mujeres, niños (como Eliezer y Dariel que vienen engalanados para ver a sus ídolos) y unos cuantos señores mayores que se quedan en corrillo y, sin quitar ojo de cuanto sucede en el campo, desgranan toda la actualidad del mundo del fútbol.

Niños de Las Palmas

Eliezer y Dariel, jóvenes aficionados en el entrenamiento.

El tema del día es la eliminación del Chelsea. Mourinho, la venta de Mata, el desmantelamiento del Atleti por el portugués, el fracaso. Pero en seguida vuelven a lo importante: el partido crucial del domingo. Y es que la U.D. Las Palmas y el Betis, empatados a puntos en lo alto de la tabla, se juegan este fin de semana el liderato de la Liga Adelante.

Los canarios cuentan por empates sus tres últimos encuentros, el último frente al Sporting, otro de los candidatos al ascenso. Pero los aficionados lo tienen claro: “Venimos de una mala racha, pero es una mala racha de empates, no de derrotas, luego no es tan mala. Si ganamos al Betis empezamos la buena racha”. No les asusta el conjunto andaluz, pese a la contundente victoria sobre el Valladolid (4-0) el pasado domingo.

Tino

Tino, aficionado, trabajador y mito del club.

Aquí en Barranco Seco, en la ciudad de Las Palmas y en la isla de Gran Canaria, todos comparten el mismo sueño, volver a jugar en Primera. Se les tuerce el gesto y suspiran al recordar la fatalidad que les hizo quedarse en la categoría de Plata una temporada más. Recuerdan, sobre todo, el silencio que invadió la ciudad el 22 de junio del año pasado. “Cómo lloré ese día” dice Tino, trabajador mítico del club que en seguida sonríe y afirma que este año sí “o eso espero” añade.

Volvemos la mirada hacia el campo donde el entrenamiento, que comenzó con juegos de balón, rondos, palmadas y risas, va ganando en intensidad. La que marca en cada ejercicio, en cada indicación, en cada balón peleado, Paco Herrera, el técnico encargado de devolver al equipo a una categoría que se escapó por segundos.

Entrenamiento

Los ejercicios ganan en intensidad según avanza el entrenamiento.

Los jugadores también acaparan la atención de todos: Momo, Nauzet, el argentino Araujo… aunque tal vez del que más hablen todos es de David Simón, defensa, joya de la cantera de la Unión Deportiva. Yo, sin embargo, no puedo dejar de fijarme en Valerón. En la misma silueta espigada que maravilló en Atlético de Madrid y Depor. Uno de los máximos exponentes del fútbol canario que, a sus treinta y nueve años, entrena al mismo ritmo que el resto. Un jugador que probablemente se habría retirado del fútbol aquel 22 de junio pero, en su lugar, decidió quedarse a luchar por su sueño, por el sueño de todos: El regreso de la U.D.Las Palmas a Primera División.

Juan Carlos Valerón

Valerón, entrenando para subir a su equipo a Primera.

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