Cuenta la mitología que hace mucho tiempo existió una hermosa mujer, una cuya belleza eclipsaba a los mismos dioses. Hija de Zeus, Helena provenía de la casta de uno de los grandes protagonistas del Olimpo. Pretendida por prácticamente cualquiera, todos los héroes deseaban tenerla. A temprana edad, Helena fue casada con un rey. Menelao. Uno de los reyes con más poder de toda la antigüedad. De esos que serán eternamente recordados, como así lo será ella.

Diferentes versiones apuntan a que una vez casada con Menelao, Helena conoció a Paris. ¿La forma? Ahí no nos ponemos de acuerdo. Muchos apuntan a que fue Paris quien se enamoró de ella, otros creen que fue un amor mutuo y también está la opción más extendida, la que involucra a un nuevo protagonista, Afrodita. Diosa del amor y la belleza, Afrodita colmó a Paris de atenciones y un especial regalo, el amor de la más bella mujer sobre la tierra. Lo hizo tras haberse decantado por ella en un concurso que la enfrentaba a otra diosa griega, Hera. Siempre es difícil decidir entre dos grandes, pero Paris se decantó por la primera. Si lo hacía se vería recompensado y la recompensa fue ella, Helena.

Enamorados o no, decidan ustedes qué versión creer, ambos recalaron en Troya. Ciudad que actualmente, pese a que muchos siempre la consideraron un mito, se encuentra en Turquía. Uno de los monumentos más visitados hoy en día y donde Helena y Paris tuvieron la suerte de forjar su amor. Ese que pudo ser proveniente de un rapto o más bien de un amor y admiración mutua que les llevó a escaparse de Menelao para disfrutar de algo que desembocaría en una de las mayores tragedias y leyendas que se hayan contado jamás. La Guerra de Troya. Mito y realidad.

Arda Turán es nuestra Helena de la historia, jugador polivalente con técnica y capacidad de sacrificio, casado con uno de los mejores clubes de Europa, el Atlético de Madrid. Todo era amor hasta que conoció a Paris, el FC Barcelona. Nuestro apuesto joven enamoradizo que fue capaz de hacer a Helena dejar algo bueno conocido por algo que sería aún mejor. Un amor mutuo que recalaría en el Camp Nou como escenario de un idilio que empezó tiempo atrás.

Muchas veces me habréis oído o leído decir que del Atleti me gustaban especialmente dos cosas, una la fuerza y garra de su técnico, la otra, Arda Turán. Siempre dije que “era muy de Arda” pero ahora amigos míos, receptores de una leyenda que empieza a forjarse con su fichaje, ahora, es cuando Arda es más mío y nuestro que nunca. Y ahora sí, que arda Troya. ¡Visca el Barça!

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.