“Un aficionado manda a fregar a una árbitro en Utrera”. Con este titular me desperté ayer. Y no es la primera vez que leo algo parecido. El sindicato de árbitros tiene una amplia colección de los mejores momentos del macho ibérico desatado en los campos de fútbol.

“Vete a casa a limpiar y cásate”.

“Ve a fregar con tu puta madre”.

“Una niña de 14 años deja el arbitraje por insultos”.

“Los únicos palos que puedes agarrar son de fregonas y de pollas”.

Que insultar es deporte nacional, y los árbitros siempre son el blanco perfecto pero lo de que “el fúrbol es asín” se acaba cuando el motivo del ataque es el sexo del tipo en cuestión. Por desgracia, los hombres que van a los campos de fútbol a gritar burradas a entrenadoras, jugadoras, árbitros u otras aficionadas son los mismos capaces de romperle la cara al técnico de turno por no sacar a jugar a su hijo.

El último caso fue el de Adriana San José el pasado fin de semana. Según el acta, un aficionado identificado como seguidor del equipo visitante se dirigió a ella para decirle durante todo el encuentro lindezas como “no tienes ni idea de arbitrar”, “vete a tu casa a fregar que es lo que deberías hacer”, o “te voy a insultar hasta que llores”. Adriana tiene 18 años, cuatro más que Zaira Morales, cuyo sueño de ser árbitro se vio entorpecido por los insultos de un “aficionado”. Porque a los 27 también te afectan las cosas, pero con 14 te marcan de por vida.

La violencia forma parte del fútbol aunque nos empeñemos en taparnos los ojos. Y no, no es necesaria; y sí, sí sería lo mismo sin energúmenos que lo último que hacen es animar o su equipo o prestar atención al partido.

Como cualquier persona con dos dedos de frente soy partidaria de la igualdad, jamás de la discriminación positiva, pero muchas mujeres tienen que seguir demostrando el doble y lo justo sería que la protección estuviera a la misma altura. Todavía hay gente que se sorprende de que muchas quieran dedicarse al fútbol, ya sean periodistas, entrenadoras, fotógrafas o representantes; pero lo cierto es que ya han pasado unos cuantos años desde que las mujeres pueden votar o ser premios Nobel. Y no todas saben fregar.

Por cierto, el lavavajillas se inventó en 1886, y ¿a qué no recuerdan el nombre de su creador? Apunten: Josephine Cochrane, una mujer que odiaba fregar los platos.

Josephine_Cochrane

Sobre El Autor

Antía André

"Ningún jugador es mejor que todos juntos". Alfredo Di Stéfano.

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