¿Cuántas veces hemos oído eso de “estar en el momento justo en el lugar indicado”? En unas cuantas películas, seguro, en series de televisión, libros, medios de comunicación… en mi caso el dicho se hizo realidad hace apenas unos días, la primera semana de febrero, pues quiso el destino que anduviese yo por Malabo mientras se disputaba la Copa África de Naciones.

Marruecos era la sede encargada de organizar el torneo, pero el miedo al virus del ébola hizo que se retirase el pasado mes de noviembre; decisión que le ha costado la expulsión de la Copa África en las dos próximas ediciones (2017 y 2019) y una multa de casi 9 millones de euros (883.000 por sanción y 8 millones por “daños materiales”).

Guinea Ecuatorial, eliminada en un primer momento, decidió ofrecerse como país anfitrión asegurando así la participación de su selección en el campeonato. Esta decisión y su brillante e inexperado papel en la CAN 2015, consiguieron aupar al equipo guineano en el ranking FIFA, pasando de ocupar el puesto 118 al 49 en tan solo un mes.

Y es que la Cenicienta del torneo acabó convirtiéndose en princesa del baile, no exenta de polémica, llegando a colarse en las semifinales de esta Copa de África.

El partido de cuartos de final ante Túnez se vio un poco empañado debido a las críticas que recibió el árbitro del encuentro, Rajindraparsad Seechurn, procedente de Islas Mauricio, y que acabaría siendo sancionado por la CAF con seis meses de suspensión por su incapacidad para mantener el orden entre los jugadores. El colegiado señaló un penalti algo dudoso cuando el partido agonizaba, penalti que transformó Balboa enviando el partido a una prórroga que decidiría él mismo gracias a un golazo de libre directo.

El equipo anfitrión hacía historia al plantarse en semifinales y en Guinea Ecuatorial, país amante del fútbol, se desataba la locura. Locura de la que pude ser testigo en ese partido por un puesto en la final que disputaron Guinea Ecuatorial y Ghana.

Partí al estadio dos horas antes de que diese comienzo el partido con el convoy de la delegación guinenana. Jugadores en un autobús, técnicos, prensa y algunos familiares en otros dos… y muchas policía escoltándonos a todos. En el recorrido hacia el estadio de Malabo íbamos atravesando distintos barrios y calles donde la gente, enfundada en camisetas rojas de Guinea, nos seguía, saludaba, animaba e intentaba adivinar cuál de los autobues era el que albergaba al equipo.

La seguridad en el estadio (en la zona de prensa y jugadores más bien) era bastante estricta así que me instalé en la grada normal, con el pueblo de a pie, para vivir y respirar toda la esencia de un partido de fútbol de este calibre en África. Eran las siete de la tarde, faltaba una hora para que empezase el partido, pero no la fiesta.

Algarabía puede ser la palabra que mejor describa el impresionante ambiente. Color, música, bailes, congas por el estadio, cánticos, gritos… y vuvuzelas, muchas vuvuzelas.

La locura se desató cuando saltaron los jugadores al campo, y cuando aparecieron las alineaciones en los videomarcadores, y cuando sonó el himno… La locura, básicamente, se desataba todo el rato. Empezó el partido y las gradas que ya estaban abarrotadas hace rato, empezaron a llenarse aún más. Y las escaleras, los pasillos… Los guineanos no paraban de alentar a los suyos, de cantar, gritar, saltar, bailar… y las vuvuzelas no paraban de sonar.

Conforme iba colapsándose el estadio la sensación de diversión fue dando paso a una de agobio y antes de que acabase la primera parte decidí abandonar una fiesta que era de otros. A la salida me esperaban diez minutos de un poco de miedo. Aficionados sin entrada pero con grandes dosis de alcohol encima intentando traspasar la barrera policial, botellas por los aires, cristales por el suelo, cargas policiales, una cabeza sangrando a tan sólo unos pasos de mí… La otra cara del fútbol que, por suerte, no pudo borrar las imágenes apasionantes del interior del estadio que se quedaron grabadas en mi memoria.

Ya en el hotel pude ver la segunda parte y ser espectadora de los goles de Ghana y de los disturbios que los acompañaron. Lanzamiento de objetos a los aficionados de Ghana, invasión de campo, suspensión del partido durante media hora a falta de 9 minutos con helicóptero en el campo incluído, reanudación de esos 9 minutos de los que sólo pudieron disputarse 3… y final del partido. Y del sueño.

Guinea Ecuatorial acabaría cuarta en esta Copa África de Naciones 2015 tras caer en la tanda de penaltis ante R.D. Congo en la lucha por el tercer y cuarto puesto. Una proeza que nadie esperaba y que ha llenado de orgullo a los habitantes de este país africano.

El título de Reyes de África, sin embargo, lo ostentará Costa de Marfil, que consiguió imponerse a Ghana en la Final tras una memorable tanda de hasta 22 penaltis.

Así es el fútbol en África y así tuve la suerte de vivirlo yo.

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